miércoles, 27 de abril de 2016

CHAMPETA: EL BAILE TABU

Mientras icónicas figuras de la canción colombiana reivindican este sensual ritmo, los políticos quieren prohibirlo. Alegan que “propicia” el sexo entre adolescentes.
Es una coreografía de puro sabor africano que recuerda a la sensualidad del tango, la lambada y a la pericia del breakdance. El ambiente se caldea cuando hacen el pase del caballito: trotes combinados con aperturas muy locas de piernas. La escena sucede en Cartagena de Indias, la gente bebe, suda, goza y no para de danzar mientras una señora vende las típicas arepas de huevo costeñas.
Dicen que esta música caribeña fomenta las violaciones y los embarazos no deseados… que es para bandidos…. Y puede matar… y…

El asunto ha sido discutido por los políticos en Cartagena. Conclusión: hay que alejar a los adolescentes de ese ritmo endiablado.
Para Antonio Salim Guerra, el concejal del partido conservador Cambio Radical que planteó a finales de 2015 la prohibición de bailar champeta a los menores de edad cartageneros, esta música podría provocar una “erotización traumática”, pues “genera un ambiente propicio para la pedofilia y la explicación sexual infantil”.

Salim Guerra asegura que la prohibición viene avalada por 16 estudios latinoamericanos, incluida “una ONG en Cartagena que se encarga de atender a niñas violentadas sexualmente o embarazadas que han manifestados que empezaron su vida sexual temprano porque desde pequeñas se estaban comportando y bailando como adultas”.
Charles King, alias El palanquero fino, es uno de los pioneros de esta música “hubo una votación casi clandestina y la propuesta ese aprobó por unanimidad. Es otra ley inservible que desperdicia los recursos para combatir el grave problema de prostitución infantil y de falta de educación”, lamenta el artista.

Pero hay que explicar cuántos tipos de Cartagena existen: la que conoce el turista , una ciudad costera con encanto y coloridas casas coloniales , y la que se esparce más allá de la muralla, zonas humildes como la Candelaria y San Francisco donde la vida se hace en la calle. La champeta se ha colado en el centro de una batalla entre ambas realidades. “La ciudad ficticia amurallada se apodera de los espacios públicos”, asegura Charles King, que vive en la Cartagena real, en el barrio de San José de los Campanos. “quieren prohibir nuestra música para esconder esa parte que les da miedo”, dice.
La polémica por la prohibición de la champeta se ha convertido en un debate nacional porque apunta a un problema muy delicado en el país: el abuso a menores. Según datos del Instituto Colombiano de bienestar Familiar, entre enero de 2014 y marzo de 2015 hubo 17.915 denuncias, Cartagena y los departamentos vecinos de Atlántico y Magdalena son las zonas con más casos tras el Valle del Cauca y la capital, Bogotá.

En algunas áreas del Caribe los embarazos entre menores registran unos porcentajes muy altos. En 2014 los partos de adolescentes correspondieron al 20,5% del total de la ciudad, donde 186 niñas de 10 a 14 años quedaron embarazadas ese mismo año.
Todos los músicos entrevistados para este reportaje coinciden en que la campaña contra la champeta nada tiene que ver en realidad con la explotación sexual infantil. Las canciones más allá de los dobles sentidos de índole sexual, tienen  una fuerte carga de denuncia social. “La champeta se relaciona con las clases más pobres y con la comunidad afrocaribeña, pero gracias a nuestra lucha hoy empieza a colarse en los hogares con dinero y a sonar en las emisoras”, opina Louis Towers.

La champeta pertenece a la calle y se dice que es la única música urbana vigente de Colombia. Su popularización ha estado ligada a las fiestas con picós.”Comenzaron a finales de los 60. Eran verbenas que se hacían los fines de semana en casas grandes: el salón era la pista de baile y el patio exterior la zona donde se tomaba (beber). Al DJ le llamamos picotero y en esa época sonaba música jibara, africana y salsas”, recuerda Viviano Flores.

Los picós se han modernizado, pero siguen cargando con el estigma de la violencia y la persecución. “los policías piden picúa (sobornos) para ofrecer su protección, reciben su plata y se van callados, hasta que vuelven a por más”, critica Charles King.
En Cartagena hay picós todas las semanas, de viernes a lunes. Los más populares, como el Rey de Rocha, reúnen a cerca de 10.000 personas (las entradas cuestan entre dos y cinco euros). Se celebran en la calle, garajes, discotecas e incluso en la plaza de toros. Arrancan a las 21 horas y cierran a las dos de la madrugada para evitar las multas.

En los picós oficiales los menores no pueden  entrar y los recipientes de vidrio están prohibidos por seguridad. Pero en los saraos callejeros los niños corretean recogiendo latas vacías y el público comparte botellas de ron y whisky que se pueden conseguir en la tienda de la esquina a 43000 pesos ( unos 12 euros).
“Pronto viviremos un boom internacional de la champeta, pero los fundadores no tenemos plata ni para comprar un carro”, se lamenta Charles King. Su batalla, como  la de Viviano Torres y Louis Towers, no apunta al dinero ni a la fama. “Lo único que pedimos es que después de tantos años de trabajo los poderosos de Cartagena reconozcan nuestra cultura y nos cedan espacios para desarrollarla. Fragmentos escritos por @jos_fajardo.

-“yo he estado viviendo en Colombia durante 3 años y creo que a un baile no se le debería atribuir según qué consecuencias. Los aspectos culturales siempre tienen un peso importante en las personas: la población y es ahí donde habría que hacer un trabajo arduo  para modificar esos “aspectos” tan arraigados y que tanto pesan negativamente en la cultura.
La sociedad colombiana es un matriarcado. No hay mujer sin hijos y quien no tiene hijos es como un castigo de Dios. Pero no todas las mujeres tienen la ayuda económica de los padres de sus hijos, todo lo contrario, con lo cual, la pobreza encuentra un nicho importante que castiga a la sociedad. Las madres son jóvenes y no todas poseen los recursos necesarios para sobrevivir, con lo cual, se crea un núcleo familiar (abuela, hija y nieta) empobrecido que, a veces, desemboca en buscar cualquier medio para subsistir, sin ser necesario justificar la pobreza, la carencia cultural y la prostitución con un baile que puede ser más o menos provocativo.

La pobreza es patente en cualquier lugar, si nos apartamos de las “zonas” ricas o turísticas. Las diferencias sociales son abismales pero la culpa no la tiene la música si no la falta de abordar  la realidad y trabajar para que los derechos sean más equitativos y convencer a la población de modificar actitudes. No juzgo y tampoco doy mi opinión, solo explico una serie de comportamientos culturales reales que nos pueden ayudar a entender.
He visto bailar la champeta a los niños y ha sido más una exhibición acrobática que sexual. Otra cosa es la adolescencia, y sus exhibiciones sexuales para llamar la atención y atraer al hombre que les gusta dejándose llevar por la música pero la pregunta es ¿se dejan llevar por la música o la música es la excusa para hacer lo que se desea?.

La solución de los problemas no acostumbra a ser la prohibición pero cualquier otra opción resultará ser un gran esfuerzo. ¿Se está dispuesto a hacerlo? O estamos hablando de algo correctamente político para continuar haciendo lo mismo, es decir, utilizar la doble moral?.
Información y datos recogidos en la prensa EL Tiempo
·        La capital del Valle es señalada como la primera ciudad en el tráfico de mujeres y en prostitución en el país, pues en el momento de realizar las estadísticas se encontró que por lo menos cinco mujeres salen cada mes con destino a Holanda, además de que se han judicializado dos casos de Cali y dos de Palmira y se ha capturado a 11 sindicados del delito de tráfico, indicaron los expertos invitados al seminario.

·        Los principales destinos son Japón, España, Holanda y Alemania, aunque se han detectado casos en Suiza, Italia, Panamá y Estados Unidos a menor escala.
·        El 7,1 por ciento de las personas que ejercen la prostitución en Bogotá comenzaron antes de los 15 años y el 17,4 por ciento, entre los 15 y los 17. Eso es la cuarta parte de quienes ejercen el trabajo sexual.
·        Durante 428 recorridos realizados por la ciudad durante el 2014, la Secretaría de Integración Social contabilizó a 14.306 personas, la mayoría mujeres, ejerciendo la prostitución en 19 de las 20 localidades de la ciudad. En ese trabajo de campo, la entidad identificó 386 negocios y 88 puntos en la calle. Esas personas no aparecen en ningún censo oficial, y tampoco se sabe si siguen ejerciendo o no. (datos publicados en la prensa EL TIEMPO 16/06/2015).

·        La intención del Ejecutivo es reducir los índices en esta materia de 5,7 por ciento, que es el que se registra actualmente, a solo 3,2 por ciento, lo que permitiría dejar al país como una de las naciones de América Latina con mayor número de ciudadanos alfabetizados. (El Tiempo 16/09/2014)


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     Como se puede ver no todo es "sexo" 

Montserrat A