jueves, 1 de septiembre de 2016

LOS HIJOS DEL EVEREST

Hace poco leí un artículo escrito por Silvia Font donde hablaba de la rebelión de los hijos del Everest, esos “sherpas” casi invisibles, que sin ellos, sería imposible poder llegar al Everest. Por ese motivo, voy a transcribir parte de este artículo por ser importante y por apoyar a esta comunidad.
Durante años los “sherpas” han formado parte de las expediciones del Himalaya  en silencio, cediendo la gloria a los extranjeros y siendo tratados como meros porteadores mal pagados. Pero se han plantado. Reivindican reconocimiento y sobre todo una parte del lucrativo negocio de la escalada.

La mañana  del 18 de abril de 2014, la cumbre más alta del mundo sufrió la peor tragedia de su historia cuando una avalancha sepultó bajo 14000 toneladas de nieve a 16 sherpas que se encontraban preparando las vías de ascenso para las multitudinarias expediciones comerciales que ya habían comenzado a tomar el campo base.
Aquel oscuro día para los locales supuso un punto de inflexión en la “industria del Everest”, cuando días después de la tragedia, a los pies de Chomolungma como ellos llaman al pico de 8848 metros, se desató una revolución sherpa que llevó a la cancelación de las ascensiones.

Purbha Tashi sherpa se despide de su familia en la pequeña localidad de Khumjung como cada primavera desde 1999, cuando alcanzó por primera vez la cima del Everest. Las lágrimas apenas ocultan la estoica compostura que caracteriza a esta raza originaria del este tibetano (sherpa es su étnia), el miedo a que Purbha no vuelva, como tantos otros miembros de la comunidad, invade el rostro de su mujer, Karma, sus hijos y sus ancianos padres, quienes siguen manteniendo la creencia ancestral de que escalar las altas montañas del Himalaya es una falta de respeto a las divinidades que habitan en ellas. Temen algún día la ira de Chomolungma.
Es el comienzo de la temporada de ascenso al Everest y las expediciones comerciales llegan desde Katmandú al campo base “hambrientas de montaña”. Anualmente, no son menos de 600 las personas que intentarán hacer cumbre. Este año, sin embargo, es especial para el veterano sherpa: si corona la cumbre una vez más , y será la vigésima segunda, batirá un nuevo récord mundial, algo a lo que él parecen dar importancia.

Pero se encuentra con un plante general de sherpas, que deciden luchar por sus derechos. Un hecho insólito en más de noventa años de expediciones pero que no sorprende a quien conoce el pasado de esta etnia nepalí, valiente y orgullosa. Los últimos años han sido especialmente duros para los trabajadores del Everest, han estado en el punto de mira de la opinión pública tras repetirse episodios de enfrentamientos con expedicionistas a los que no quieren dejar subir porque con su inexperiencia pondrían en peligro la vida de todo el grupo, o casos más mediáticos como cuando en 2013 una disputa por una cordada en una vía de ascenso a 7200 metros de altura generó una multitudinaria agresión por parte de sherpas a tres reconocidos alpinistas: Simone Moro, Ueli Steck y Jonathan Griffith. Episodios que siempre tienen una doble lectura: la de los trabajadores sherpas, una narrativa constante de dolor y pérdida, y la de los occidentales, que atisban intereses espurios detrás de la “rebelión”.
Los clientes extranjeros aterrizan en las faldas del Everest tras desembolsar entre 30.000 y 90.000 dólares por cabeza. Por pequeño que  sea  el porcentaje que los locales se llevan de esa desorbitada cifra, es suficiente para garantizar a sus familias comida, ropa y educación el resto del año, en un país donde la renta per cápita apenas supera los 700 dólares.

Pero el reparto de esa gran cantidad de dinero es lo que no está claro. No hay cifras oficiales. Lo que es un hecho es que los salarios son diferentes para un porteador que transporta fardos al campo base que para ellos que trabajan en los campos en altura. Los porteadores, la mayoría , cobran poco más de 50 dólares y a veces su labor incluye preparar el camino y jugarse la vida  cruzando el hielo. Un sherpa de altura, en cambio, puede ganar entre 3000 y 4000 dólares por expedición, que dura un mes y medio. Si alcanza cumbre, se les suele dar una “propina” adicional.
Se estima que el próspero valle del Khumbu mueve cada primavera cerca de 20 millones de dólares, de los cuales entre 5 y 7  millones van a las arcas del Gobierno nepalí concepto de permisos. Una parte se destina a infraestructura, es decir, alojamiento, porteadores y sherpas, pero el grueso entre 10 y 33 millones son ganancias para las agencias. “Empresas principalmente locales que en connivencia con el Gobierno se han hecho con el control del negocio”, apunta el escalador español Sebastián Álvaro. “la cantidad ingente de dinero que ha entrado lo ha cambiado todo, el Himalaya se ha convertido en un circo de las vanidades y los sherpas no están libres de codicia”. Álvaro sospecha que lo que quieren los locales es “adueñarse de la montaña” y controlar el acceso.

Desde el lado sherpa, el punto de vista es diferente. Uno de sus alegatos es  la desproporción en el negocio. Mientras el Gobierno nepalí se embolsa 360 millones de dólares por temporada de turismo en todo el país, pretendía pagar a las familias de las víctimas de la avalancha 400 dólares de compensación y eso desató la ira.
Para Norbu, (hijo de quien fuera el primer sherpa en alcanzar la cumbre del Everest, reconocido) la tragedia en la que murieron 16 compañeros fue “la gota que colmó el vaso” y explica el plante de los trabajadores locales como una mezcla entre “el duelo por la pérdida de los compañeros, la frustración acumulada a lo largo de los años y la unión entre todos para hablar, por primera vez, con una sola voz”.

En 1992, para subir a la cima del mundo por la cara sur, había que ser alpinista; pero en esos años se produce un cambio brutal y empieza a llegar gente sin preparación pero con dinero. El gran cambio se produce a mediados de los 90 con la aparición de las primeras agencias occidentales, que comienzan a vender la posibilidad de subir al Everest, sin que el cliente tenga que preocuparse de nada, ni gestionar un permiso ni tirar una cuerda. El interés de esta gente ajena a la montaña por llegar a la cima, cueste lo que cueste, hace que tanto agencias como sherpas se den cuenta de que lo que tienen que hacer es “poner la montaña a la altura del cliente: dime cuánto estás dispuesto a pagar que bajamos los ocho mil metros a tus pies”. El como hacerlo es utilizando más sherpas para ayudar aportar y asistir a los clientes, siendo otros los que se arriesgan preparando el camino y las cuerdas, utilizando botellas de oxígeno… el esperpento ha llegado a un punto en el que en los últimos  años se pueden juntar más de 600 personas en el campo base, las colas se suceden a pocos metros de la cima y hay que esperar turno para coronarla. “El Everest es ahora el patio de recreo de la gente con dinero”.

Tras dos años oscuros de cierre de temporada, en 2014 por la huelga de los sherpas y en 2015 por el terremoto, muchos sherpas están arruinados.
De pronto, escalar el Everest ya no es tan cool como antes. Y eso puede hacer que se racionalice el turismo en la zona. En  2003, el propio Hillary hacía un llamamiento a “dejar  descansar a la montaña”, que se unía al de algunas voces de la comunidad sherpa, devota del budismo, para las que Chomolungma uno de los lugares sagrados de la Tierra estaba siendo profanado. La madre naturaleza dijo –hasta aquí-.

Montserrat A.


CHILDREN OF EVEREST
I recently read an article written by Silvia Font which he spoke about the rebellion of the children of Everest, the nearly invisible article "sherpas", without them it would be impossible to reach the Everest. For that reason, I will transcribe part of this article to be important and support this community.
For years the "sherpas" have been part of Himalayan expeditions silent, giving glory to foreigners and being treated as mere underpaid porters. But they have planted. They demand recognition and especially a part of the lucrative business of climbing.

On the morning of April 18, 2014, the highest peak in the world suffered the worst tragedy in its history when an avalanche buried under 14,000 tons of snow 16 sherpas who were preparing the way for promotion to the massive commercial expeditions that had I started taking the base camp.
That dark day for local marked a turning point in the "industry Everest" when days after the tragedy, at the foot of Chomolungma as they call the peak of 8848 meters, a sherpa revolution that led to the cancellation it broke of ascents.
Tashi Sherpa Purbha goodbye to his family in the small village of Khumjung as every spring since 1999, when it first reached the summit of Everest. Tears just hide the stoic composure that characterizes this original race of this Tibetan (sherpa is his ethnicity), fear that Purbha not come back, like so many other members of the community, invades the face of his wife, Karma, their children and his elderly parents, who still retain the ancestral belief that climb the high mountains of the Himalayas is a lack of respect to the gods that inhabit them. Someday they fear the wrath of Chomolungma.

It is the beginning of the climbing season on Everest and commercial expeditions arriving from Kathmandu to "hungry mountain" base camp. Annually, not less than 600 people who try to summit. This year, however, is special for veteran sherpa: If crown the summit once again, and will be the twenty-second, will break a new world record, something he seem to matter.
But there is a general plant of Sherpas, who decided to fight for their rights. An unusual fact in more than ninety years of expeditions but that does not surprise those who know the past of this Nepali, brave and proud ethnicity. The last few years have been particularly tough for workers Everest, have been in the crosshairs of public opinion after repeated episodes of clashes with trekkers those who do not want to give up because his inexperience would endanger the life of the whole group, or more media as cases when in 2013 a dispute over a roped into a path of ascent to 7200 meters high generated a massive assault by three Sherpas climbers recognized: Simone Moro, Ueli Steck and Jonathan Griffith. Episodes always have a double reading: the Sherpas workers, a constant narrative of pain and loss, and Westerners, peeping spurious interests behind the "rebellion".
Foreign customers land on the slopes of Everest after disbursing between 30,000 and 90,000 dollars per head. However small the percentage that local take exorbitant amount that is sufficient to ensure their families food, clothing and education the rest of the year, in a country where per capita income is just over $ 700.

But the distribution of the large amount of money is what is unclear. No official figures. What is a fact is that wages are different for a porter carrying bundles to basecamp for them working in the fields in height. Porters, most, paid just over $ 50 and sometimes their work includes preparing the way and risk their lives crossing the ice. A sherpa high, however, can earn between 3000 and 4000 dollars per expedition, which lasts a month and a half. If you reach summit, they are often given an additional "tip".

It is estimated that the prosperous Khumbu valley each spring moves about 20 million, of which between 5 and 7 million going to the coffers of the Nepalese government permission concept. One part goes to infrastructure, ie accommodation, porters and Sherpas, but the thickness between 10 and 33 million are gains for agencies. "Local companies mainly in collusion with the government have taken control of the business," said the Spanish climber Alvaro Sebastian. "The huge amount of money that has entered has changed everything, the Himalayas has become a circus of vanities and the Sherpas are not free from greed." Alvaro suspect what they want local is "own mountain" and control access.

Sherpa from the side, the view is different. One of their arguments is the disproportion in the business. While the Nepalese government pocketed 360 million dollars per season tourism throughout the country, intended to pay to the families of the victims of the avalanche $ 400 compensation and that sparked anger.
To Norbu, (son who was the first Sherpa to reach the summit of Everest, recognized) the tragedy that killed 16 classmates was "the straw that broke the camel" and explains the plant local workers as a cross between " mourning the loss of colleagues, frustration accumulated over the years and the union of all to speak, for the first time, with one voice ".
In 1992, to climb to the top of the world on the south side, it had to be mountaineer; but in those years, a brutal change occurs and people start coming unprepared but with money. The big change occurs mid-90s with the emergence of the first Western agencies, they begin to sell the opportunity to climb Everest without the customer having to worry about anything, or manage a permit or pull a rope. The interest of people outside the mountain to reach the top, regardless, makes both agencies as sherpas realize that what they have to do is "turn the mountain up to the customer: tell me how much you willing to pay you eight thousand meters down at your feet. " The how to do it is using more Sherpas to help contribute and assist customers, with others who risk paving the way and ropes, using oxygen bottles ... the monstrosity has reached a point where in recent years can be together more than 600 people at base camp, queues occur a few meters from the top and you have to wait their turn to crown. "Everest is now the playground of people with money".
After two dark years season finale in 2014 by the strike of the Sherpas and in 2015 by the earthquake, many Sherpas are ruined.

Suddenly, climbing Everest is not as cool as before. And that can make rationalizes tourism in the area. In 2003, Hillary himself appealed to "rest mountain", which is linked to some voices, devout Buddhist, sherpa community for which Chomolungma one of the sacred places of the Earth was being desecrated. Mother Nature up to here- said.


Montserrat A