viernes, 1 de abril de 2016

KUMANO: LAS MONTAÑAS CELESTIALES DE JAPÓN

He leído un artículo en el Zen del 6 de Diciembre que
habla de un lugar especial. Os incluyo algunos párrafos para que podáis visualizar esta maravilla de lugar. Este artículo está escrito por Francisco López- Seivane. Yo solo incluyo algunos párrafos de su artículo ya que me ha parecido increíble y muy interesante. Además es uno de los viajes que tengo pendientes y sé que haré algún día.
El peregrinaje espiritual por la extensa red de caminos que surcan sus bosques y sus templos fue, durante siglos, un privilegio reservado a nobles y emperadores.

La península de Kii, en Wakayama, es un macizo montañoso, poblado de espesos bosques y cruzado por innumerables ríos y torrentes. El extremo meridional, conocido como Kumano, igual que el río que lo cruza, ha sido durante milenios la reserva espiritual de Japón, un paraíso en la tierra, velado por la niebla y habitado por dioses y criaturas celestiales, accesible sólo a ascetas, místicos y emperadores, que acudían en peregrinación para expiar sus culpas y purificar sus almas. El Kumano Kodo, una extensa red de caminos que,  de templo en templo, cruzan este complejo mundo de montañas solitarias, paisajes virginales, leyendas increíbles y antiguas tradiciones, ha sido declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad. Pero, hoy en día,  no solo transitan peregrinos en busca de la salvación, sino también amantes de la naturaleza, en parte atraídos por sus sublimes escenarios y en parte abducidos por la fuerza espiritual que emanan.

Nunca vi llover con tanto afán. El agua caía con auténtico frenesí, sin respiro. Durante días no escampó ni un solo m omento, mientras la metralla de la lluvia golpeando contra los cristales y el espíritu del viento aullando en los bosques cercanos impedía conciliar el sueño por las noches. Si no era el diluvio, lo parecía. Pronto nos quedamos sin luz, sin agua y sin teléfono, aislados en un albergue de montaña, junto a takahara oyi, uno de los más antiguos y sagrados oyi que jalonan el Kumano Kodo. Cuando finalmente la lluvia cesó y el cielo se aclaró, el paisaje era esplendoroso, pero los daños causados por el tifón Talas nos estremecieron: ríos desbordados, poblaciones arrasadas y más de 100 víctimas. Así que  mi primera recomendación, amigos lectores, es que, si deciden visitar esta región, cosa que les recomiendo vivamente, eviten a toda costa hacerlo en septiembre.

Peregrinar a Kumano fue durante siglos una dura prueba y un privilegio de nobles y emperadores, que acostumbraban a hacerlo tras haber abdicado de sus responsabilidades terrenales.
El sendero tradicional, es que seguían los emperadores desde el siglo X, partía de la capital, Kioto, descendía siguiendo el curso del río Yodo hasta Osaka, y seguía por la costa hasta Tanabe. A menudo, este trayecto se hacía en embarcaciones. Desde allí, se adentraban en las montañas por la llamada ruta Nakahechi, si  bien el sendero evitaba los valles y el curso de los ríos, para avanzar cumbreando por los lomos de las  montañas hasta Kumano Hongu, el primero de los tres grandes templos que constituyen el Kumano Sanzan.

La peregrinación de Kumano es circular, incluyendo la visita a los tres templos más sagrados, Hongu, Shingu y Nachi, y el retorno al punto de partida por una ruta diferente.
En la actualidad, se puede ir muy cómodamente de Tanabe a Hongu por la única carretera que atraviesa la península de mar a mar, siguiendo el curso del río Tonda. Es un agradable recorrido de apenas unas horas por hermosos valles con un fondo de bosques y montañas. Pero el auténtico kodocruza el río Tonda en Takiyiri-oyi, un punto crucial para los peregrinos, ya que aquí se entra en “la tierra de los muertos”, el corazón de Kumano. Apenas cruzado el río, el camino se empina y comienza el ascenso hasta Takahara-oyi, a 800 metros de altura, el lugar donde me alcanzó el tifón.

Al cruzar el Tonda se entra, como digo, en tierra de
difuntos porque allí muere el yo impuro y pecador del peregrino. El Kodo –el Camino- actuará a partir de ese momento como elemento purificador y transformador para que renazca un ser nuevo de luz y pureza. Por muy descreído que se sea, nadie puede obviar lo espiritual cuando se adentra en este singular universo. El Kumano Kodo aparece  jalonado de oyis, pequeñas capillas de madera que marcan  el sendero cada pocos kilómetros. Todos están situados en lugares muy especiales, cada uno con su historia, su magia y su leyenda. Algunos son centenarios y están asociados a templos de mayor rango, cuya deidad ha sido transferida, generalmente en una peana a hombros de monjes. Los oyis existen para proteger al peregrino, tanto espiritual como materialmente, así que frecuentemente disponen de servicios y una cabaña de descanso.  Los peregrinos se detienen en todos, cumplen con los rituales de rigor, reponen fuerzas y se recrean en la belleza del paisaje, recargándose, de paso, con la extraordinaria fuerza telúrica que emana de esos lugares tan especiales.

El shinto es una religión cuyos dioses son los árboles, los ríos, los bosques y las fuerzas de naturaleza, así que lo que en el fondo honran esas capillas es la belleza celestial de un paisaje, la fuerza de un árbol centenario, la vida que arrastran las aguas de un río… El oyi de Takahara, por ejemplo, el más antiguo de Kumano, se halla en medio de un bosque, junto a un alcanforero gigante de más de 1000 años de antigüedad. El albergue de Kri-no-sato quiere decir “lugar en las nubes” y basta asomarse a la ventana al amanecer para contemplar cómo las montañas parecen emerger de un océano de nubes blancas.

Los caminantes que se aventuren en esta ruta encontrarán senderos primorosos, a veces empedrados y otras no, pero siempre protegidos por bosques de una belleza indescriptible. De hecho, a esta zona se la conoce como Kii-no-duni, el país de los árboles. Tradicionalmente, los bosques han sido un bien público en Japón. No podía talarse ni un solo árbol sin el permiso escrito del señor feudal de turno. Los más valiosos eran la nuez moscada, el olmo, el alcanforero, el pino, el cedro y el ciprés. Exactamente los mismos que pueblan hoy los bosques de Kumano. Avanzas entre ellos sintiendo que te protegen, te brindan sombra, fragancia y, de alguna manera, te transmiten su fuerza. Así que, casi sin querer, uno va entrando poco a poco en el espíritu del shinto y empieza a comprender en silencio la reverencia que los antiguos sentían por la naturaleza.

La ruta transcurre generalmente en silencio. Las subidas son muy duras, los bosques muy hermosos y el silencio demasiado preciosos para romperlo. Todo aparece limpio y ordenado. Ni un papel en el suelo, ni un algo desaliñado que interfiera  en la armonía del lugar. El orden invita a la serenidad, así que el espíritu se va aquietando a medida que  uno avanza por paisajes cada vez más virginales, más celestiales, si se quiere.

Montserrat A



KUMANO: THE HEAVENLY MOUNTAINS OF JAPAN
I read an article in the Dec. 6 Zen talking about a special place. I included a few paragraphs so you can view this wonderful place. This article is written by Francisco Lopez-Seivane. I only included a few paragraphs of your article has since seemed amazing and very interesting. It is also one of the trips that I have outstanding and I know that I will someday.
The spiritual pilgrimage through the extensive network of roads that cross forests and temples was for centuries a privilege reserved for emperors and noble privilege.

Kii Peninsula in Wakayama, is a mountain range, full of dense forests and crossed by countless rivers and streams. The southern end, known as Kumano, like the river that crosses it has been for millennia the spiritual reserve of Japan, a paradise on earth, veiled in mist and inhabited by gods and celestial creatures, accessible only to ascetics, mystics and emperors, who went on a pilgrimage to atone for his sins and purify their souls. The Kumano Kodo, an extensive network of roads, from temple to temple, cross this complex world of lonely mountains, virgin landscapes, incredible ancient legends and traditions, it has recently been declared a World Heritage Site. But today, not only passing pilgrims in search of salvation, but also nature lovers, in part attracted by the sublime scenery and partly abducted by the spiritual power emanating.

I've never seen it rain so eagerly. The water fell with real frenzy, without respite. He not stopped raining for days not a single m omentum, while shrapnel rain pounding against the windows and the spirit of the wind howling in the woods nearby prevented to sleep at night. If the flood was not, it seemed. Soon we were without light, without water and phone, isolated in a mountain lodge, with oyi Takahara, one of the oldest and most sacred oyi paving the Kumano Kodo. When the rain finally stopped and the sky cleared, the scenery was magnificent, but the damage caused by Typhoon Talas shook us overflowing rivers, devastated towns and more than 100 victims. So my first recommendation, dear readers, is that if you decide to visit this region, which would strongly advise, avoid at all costs to do so in September.

Pilgrimage to Kumano was for centuries an ordeal and a privilege of nobles and emperors, who used to do after having abdicated their earthly responsibilities.
The traditional path is still the emperors from the tenth century, it started from the capital, Kyoto, down following the course of the Yodo River to Osaka, and continued along the coast to Tanabe. Often, this journey was made by boat. From there, he ventured into the mountains for the call Nakahechi route, although the path avoiding the valleys and river courses to advance cumbreando along the spines of the mountains to Kumano Hongu, the first of the three major temples that are Kumano Sanzan.

The Kumano pilgrimage is circular, including a visit to the three holiest shrines, Hongu, Shingu and Nachi, and return to the starting point via a different route.
Today, you can go comfortably to Hongu Tanabe by the only road that crosses the peninsula from sea to sea, following the course of the Tonda River. It's a nice tour just hours through beautiful valleys with a backdrop of forests and mountains. But the real kodocruza the Tonda River Takiyiri-oyi, a crucial point for pilgrims, because here is entered in "the land of the dead", the heart of Kumano. Just across the river, the road climbs and begins the climb up Takahara-oyi, 800 meters high, where I reached the typhoon.

Crossing the Tonda is entered, as I say, in the land of the dead because there dies impure and sinful pilgrim. The Kodo-the Camino- act upon that moment as a purifying and transforming element to be reborn a new light and purity. However disbelieved that is, no one can ignore the spiritual when it goes into this unique universe. The Kumano Kodo oyis is adorned with small wooden chapels that mark the trail every few kilometers. All are located in very special places, each with its history, its magic and legend. Some are centuries old and are associated with temples senior, whose deity has been transferred, usually in a stand on the shoulders of monks. The oyis exist to protect pilgrims, both spiritually and materially, so they often have amenities and a cabin to rest. Pilgrims stop at all meet the rigorous rituals, replenished forces and play in the beautiful landscape, leaning, incidentally, with the extraordinary telluric force emanating from these special places.

Shinto is a religion whose gods are trees, rivers, forests and the forces of nature, so that deep honor these chapels is the celestial beauty of a landscape, the strength of an ancient tree, the life drag the waters of a river ... the oyi Takahara, for example, the oldest Kumano, is in the midst of a forest, next to a giant camphor tree over 1000 years old. The hostel Kri-no-sato means "place in the clouds" and just look out the window at dawn to watch as the mountains seem to emerge from a sea of ​​white clouds.

Hikers who venture on this route will find exquisite trails, sometimes paved, sometimes not, but always protected forest of indescribable beauty. In fact, this area is known as Kii-no-duni, the country of the trees. Traditionally, forests have been a public good in Japan. He could not cut down a single tree without the written permission of the feudal lord of turn. The most valuable were nutmeg, elm, camphor, pine, cedar and cypress. Exactly the same as today inhabit the forests of Kumano. Advance including feeling that protect you, give you shade, fragrance and, somehow, I convey strength. So, almost by accident, you go slowly entering into the spirit of Shinto and silently begins to understand the reverence felt for the ancient nature.

The route generally takes place in silence. The ups are very hard, very beautiful forests and silence too precious to break it. Everything appears clean and tidy. Not a paper on the floor, or a scruffy something that interferes with the harmony of the place. The order invites serenity and the spirit goes quieting as one progresses through increasingly virgin, most heavenly scenery, if you will.


Montserrat A