lunes, 19 de agosto de 2013

EL REMORDIMIENTO

LOS REMORDIMIENTOS
El remordimiento por situaciones pasadas de las que nos creemos
culpables puede paralizarnos hasta convertirnos en una sobra de nosotros mismos. Afrontar los hechos, asumir que el pasado no se puede cambiar y aceptar la responsabilidad de nuestros actos en el presente es el camino para aprender de lo sucedido y seguir avanzando.
Recuerdo el día en el que Enrique llegó a la consulta. Hundido en la depresión y, no sin dificultad, fue capaz de explicarme que, tras más de treinta años de matrimonio ,había sido infiel a su esposa . Su infidelidad que su esposa desconocía consistía en haberse citado dos veces con una mujer para tomar una copa. Independientemente de lo que cada uno juzgue como infidelidad, él sentía lo que consideraba una gravísima falta de respeto y un atentado contra la confianza que durante toda la vida su esposa había depositado ciegamente en él. Todo ello le causaba una tristeza infinita.
No pasaron muchas semanas hasta que sirviéndose de sus remordimientos como motor, fue capaz de explicarle lo suced
ido y pedirle perdón, dispuesto a asumir cualquiera que fuese la respuesta. Ella, que durante unos días quedó sumida en la confusión, la ofensa y el dolor, pronto comprendió que la magnitud de los acontecimientos les debía llevar a preguntarse las razones de lo ocurrido y tratar de extraer lecciones de la experiencia.
El problema reside en   que el tiempo nunca retrocede, independientemente de lo profundo que sea tal sentimiento, es decir, el curso de los acontecimientos no es modificable. Si no gestionamos adecuadamente la emoción del remordimiento, la inmovilización puede aparecer en grados distintos: desde un leve sentirse mal hasta una severa depresión.

Vivimos una época en que nuestro estilo de vida nos ha llevado a externalizar el “locus de control”, la percepción que tenemos de lo que determina el rumbo de nuestra vida.
Así, hemos desarrollado una tendencia espontánea a culpabilizar a los demás. Y lo hacemos desde los primeros años de nuestra vida. Los niños lo aprenden, por ejemplo, cuando, después de darse un doloroso coscorrón contra una pared, ven a sus madres golpear el muro mientras dicen “¡pared mala, mala!”, desplazando, por lo tanto, el peso de la culpa para aliviar suavemente el dolor de sus hijos.
Esta máxima, por lo general inconsciente, nos lleva a la implícita necesidad de transferir la responsabilidad de los hechos a los demás; al sistema, a la familia, al gobierno. De este modo, creemos conservar la nobleza de nuestras  intenciones y actos, sin darnos cuenta del alto precio que pagamos por vivir en tan tóxica cultura del victimismo.

Al asumir el desacierto tal cual es y hacernos responsables de sus consecuencias consolidamos nuestra dignidad. Es hora, de ir superando nuestra actual cultura de la culpa en su doble dirección: ni cargar el peso de la responsabilidad en otros ni humillarnos eternamente ante nuestro dolor.


SUPERAR LA CULPABILIDAD
1.       Examina tus remordimientos. Trata de identificar las razones que los causan ; si son generados por ti o te son ajenos. Pon orden a tus pensamientos. Si eres dado a escribir, refleja tus pensamientos  y emociones sobre papel te ayudará; si no, trata de visualizar a alguna persona que tengas como referente o , simplemente, a alguien en cuyo criterio confías. Intenta imaginar el consejo que te daría o el modo en que arrojaría luz sobre lo que te está atormentando.
2.       Practica la humildad.  Acepta que eres humano y que errar forma parte de tu naturaleza. Lo que vuelve dañina la equivocación nunca es el fallo en sí, sino la incapacidad de repararlo . Una vez asumida tu falta, mide  su gravedad y evalúa si es o no proporcional a la intensidad de tus emociones. Hay personas capaces de infligir daño a otras sin sentir culpa alguna y otras sienten la pesada carga de la culpa por haberse comido tres bombones de postre.
3.       Valora el perdón. La vida no nos guarda rencor, ¿por qué, entonces, hemos de hacerlo nosotros? Perdonarte te desapegará de los acontecimientos, te liberará. El célebre”Perdono, pero no olvido” no tiene sentido: al perdonar nos desprendemos de la carga de la culpa, sea propia o ajena.
4.       Transforma la culpa. Solo la restitución puede mitigar tu pesadumbre. En ocasiones, una reparación verbal suele ser suficiente. Otras veces necesitamos traducir el arrepentimiento en acciones. En este sentido, los actos simbólicos tienen un poder curativo inmenso. A menudo las personas a quienes debemos resarcir ya no están presentes; o quizá cargamos con la culpa de generaciones pesadas. En todos estos casos, compensar a terceras personas o llevar a cabo acciones en nombre de los que no están tiene un efecto terapéutico insustituible.
5.       Aprende de tus errores. Usa tu experiencia del error como un momento propicio para el aprendizaje y trata de identificar qué lecciones te ha dado la vida. Al incorporarlas te darás cuenta del incalculable valor de tus equivocaciones.

Escrito por la Doctora en Psicología y especialista en terapia familiar Rosa Rabbani.

THE REMORSE

The remorse for past situations which we believe can paralyze guilty to become a shadow of ourselves. Face the facts, assume that the past can not be changed and accept responsibility for our actions in this is the way to learn from what happened and move forward.
I remember the day when Henry came to the consultation. Sunk in depression and, not without difficulty, was able to explain that, after more than thirty years of marriage, had been unfaithful to his wife. His infidelity was unaware that his wife was to have been cited twice with a woman for a drink. Regardless of what each judge as infidelity, he felt what he considered a serious lack of respect and an attempt on the trust for life his wife had placed in him blindly. This was causing an infinite sadness.
Not many weeks passed until using his remorse as a driver, was able to explain what happened and apologize, willing to take whatever the answer. She stayed for a few days in turmoil, the offense and the pain, he soon realized that the magnitude of events should lead them to question the reasons for what happened and try to draw lessons from the experience.
The problem is that the time will never go back, no matter how deep it is such a feeling, that is, the course of events is not modifiable. If not properly manage the emotion of remorse, immobilization may occur to varying degrees, from mild to severe feeling bad depression.

We live in a time when our lifestyle has led us to outsource the "locus of control", the perception we have of what determines the course of our life.
So, we have developed a spontaneous tendency to blame others. And we do it from the first years of our life. Kids will learn, for example, when, after taking a painful bump on the head against a wall, they see their mothers hit the wall while saying "wall bad, bad!" Moving, therefore, the burden of guilt for Gently ease the pain of their children.
This maxim, usually unconscious, leads to the implicit need to transfer responsibility for the facts to others, the system, the family, the government. In this way, we preserve the nobility of our intentions and actions, without realizing the high price we pay for living in such a toxic culture of victimhood.

By assuming the mistake as it is and take responsibility for the consequences consolidated our dignity. It's time, to gradually overcome our current culture of blame in two directions: not carry the weight of responsibility for others or eternally humble before our pain.

OVERCOMING GUILT

1. Examine your remorse. Try to identify the reasons that cause them, if they are generated for you or you are oblivious. Put order to your thoughts. If you are given to write, reflect your thoughts and emotions on paper will help, if not, try to visualize someone you have as a reference or simply someone whose judgment you trust. Try to imagine the advice I give or how they shed light on what is tormenting you.
Two. Practice humility. You agree that you are human and to err is part of your nature. What makes damaging the mistake is never the fault itself, but the inability to repair. Having taken your lack, measure their severity and evaluates whether or not proportional to the intensity of your emotions. There are people capable of inflicting harm on others without feeling any guilt and others feel the burden of guilt for having eaten three chocolates for dessert.
Three. Rate forgiveness. Life does not hold a grudge, why, then, we must do it ourselves? Forgive you desapegará of events you free. The famous "I forgive, but not forget" does not make sense to forgive we let go of the burden of guilt, whether employed or self.
April. Transform fault. Only the return can ease your sorrow. Sometimes a verbal repair is usually sufficient. Other times we need to translate into action repentance. In this sense, symbolic acts have immense healing power. Often people who must compensate and are not present, or perhaps loaded with heavy generational guilt. In all these cases, compensate third parties or carry out actions on behalf of those who do not have a therapeutic effect irreplaceable.
May. Learn from your mistakes. Use your experience as a time error conducive to learning and try to identify what lessons life has given you. By incorporating you will realize your mistakes priceless.


Write by  Doctora en Psicología y especialista en terapia familiar Rosa Rabbani.

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