sábado, 8 de julio de 2017

EL BURKINI Y EL PAÑUELO ISLÁMICO EN ESPAÑA

Continuamente se habla del pañuelo islámico y
ahora que parece un moda del burkini. Ambos perteneces a otra cultura que no es la europea pero que fuera de lo que podríamos llamar “sus fronteras” se establece en las calles de cualquier país. La polémica está servida y con ello las preguntas de si estamos o no de acuerdo en aceptar ambas prendas.
La diversidad de opiniones está servida, unos están de acuerdo apelando a la convivencia y respeto por otras culturas y costumbres. En el lado opuesto, no es una cuestión de costumbres si no un símbolo de sometimiento.

Yo he estado en países árabes y puedo decir que la aceptación a otras culturas y costumbres no está tan establecida como podría ser el caso de nuestro país, España y no por ello las personas se cuestionan si se debe o no aceptar.
Yo he estado en países árabes donde se me ha increpado por ir con manga corta, se han reido por llevar el pelo corto y se me ha criticado por sentarme en una bar con mi marido, después de haber pedido permiso al propietario.
En cualquier caso, los temas políticos, culturales y costumbres siempre han sido un foco de conflictos de difícil entendimiento pero hablemos del burkini donde llegó a las playas de de Francia y tanta controversia levanto. Primero fue prohibida, luego suspendida por el Consejo de Estado galo… al final es una reactivación de discusiones en Occidente en la que se esgrimen derechos y libertades que cuesta conciliar.

Si hablamos del velo islámico llegamos a nuestro país donde se decidió prohibir, en una escuela valenciana, la entrada a una alumna con velo, aunque la consejería de Educación finalmente ha permitido a la joven asistir a clase con hiyab. Entre la tolerancia y la imposición andamos puesto que algunas personas llegan a la conclusión o la cuestión de que si debemos respetar o tolerar dichas indumentarias porque las personas de fuera no respetan las costumbres del país donde se les ha acogido? Conciliar o limitar?
En realidad hablamos de dos temas a la vez, por una parte los derechos individuales y por otra el choque cultural. Pero es cierto que no toda la indumentaria genera igual rechazo cultural. Por ejemplo el uso del pañuelo no se tendría porque limitar su uso en una sociedad de derechos. Sin embargo, la indumentaria radical como el burka o la cobertura saudí debería prohibirse debido a que la cara no se ve y puede generar inseguridad hoy más que nunca. El burkini pone en duda derechos que ha costado mucho conquistar aunque conociendo un poco las costumbres islámicas, es un avance para ellas.
En cualquier caso, el único criterio para prohibir una prenda debería ser la seguridad, porque no se puede saber si debajo de esa cobertura total  hay un hombre o una mujer. Alguien podría decir que la seguridad es una excusa para justificar una prohibición pero todos somos conscientes que el terrorismo no es una excusa.

Quizás el hecho de tolerar estas grandes diferencias hacen que los integristas tengan herramientas para juzgar las costumbres de occidente como impúdicas cuando desde nuestro punto de vista es que en nombre del pudor esclavizan a sus mujeres. Se trata de una censura masculina maquillada.
En cualquier caso, es un tema delicado con dos posibles vías de solución o bien legal o bien social. Pero no dejan de ser conceptos subjetivos que no van a cambiar con una prohibición, incluso en casos extremos como el burka, sino con la evolución de las ideas. Modificar las tradiciones es muy complicado. Pero también hace unos años era impensable que las mujeres accedieran al ámbito laboral y hoy están integradas en él. Fuente: yodona. Texto original Hugo de Lucas.

Montserrat A



THE BURKINI AND THE ISLAMIC HANDKERCHIEF IN SPAIN
The Islamic handkerchief is continually being talked about and now it seems like a burkini fad. Both belong to another culture that is not European but that outside what we could call "its borders" is established in the streets of any country. The controversy is served and with it the questions of whether or not we agree to accept both gifts.

The diversity of opinions is served, some agree to appeal to coexistence and respect for other cultures and customs. On the opposite side, it is not a matter of customs but a symbol of submission.
I have been in Arab countries and I can say that acceptance to other cultures and customs is not as established as could be the case in our country, Spain and not because of this people are questioned whether or not to accept.
I have been in Arab countries where I have been blamed for going with short sleeves, they have laughed for wearing short hair and I have been criticized for sitting in a bar with my husband, after asking the owner for permission.

In any case, the political, cultural and customs issues have always been a focus of conflicts of difficult understanding but let's talk about the burkini where he came to the beaches of France and so much controversy. First it was banned, then suspended by the Gallic Council of State ... in the end it is a reactivation of discussions in the West in which rights and freedoms are offered that it is difficult to reconcile.
If we talk about the Islamic veil we arrived in our country where it was decided to prohibit, in a Valencian school, the entrance to a veiled student, although the Education Ministry has finally allowed the young woman to attend class with hijab. Between tolerance and imposition we walk because some people come to the conclusion or the question of whether we should respect or tolerate such clothing because outsiders do not respect the customs of the country where they have been welcomed? Reconciling or limiting?

In fact we talk about two issues at a time, on the one hand individual rights and on the other the cultural shock. But it is true that not all clothing generates equal cultural rejection. For example the use of the handkerchief would not have to limit its use in a society of rights. However, radical clothing such as the burqa or Saudi coverage should be banned because the face is not seen and can generate insecurity today more than ever. The burkini calls into question rights that have cost a lot to conquer although knowing a little the Islamic customs, is an advance for them.
In any case, the only criterion for prohibiting a pledge should be security, because one can not know whether there is a man or a woman under that total coverage. Someone might say that security is an excuse to justify a ban but we are all aware that terrorism is not an excuse.
Perhaps the fact of tolerating these great differences makes the fundamentalists have tools to judge the customs of the West as impudent when in our view is that in the name of modesty enslave their women. It is a masculine censorship with makeup.

In any case, it is a delicate issue with two possible ways of either legal or social solution. But they are subjective concepts that will not change with a prohibition, even in extreme cases like the burka, but with the evolution of ideas. Changing traditions is very complicated. But a few years ago it was unthinkable for women to enter the labor market and today they are integrated into it. Source: iodone. Original text Hugo de Lucas.


Montserrat A