martes, 4 de abril de 2017

LAS KURDAS Y EL CALIFATO

Hay mucho desconocimiento sobre las mujeres, en todos los aspectos. Pero a medida que leemos, que investigamos, que escuchamos, nos damos cuenta  de que el mundo de la mujer avanza, aunque sea a una velocidad  lenta debido a los inconvenientes encontrados por el camino, que en algunos casos, puede suponer la muerte.
Por eso me siento orgullosa de esas mujeres, que ante todo está su dignidad y su coraje. Esa fuerza que hace que puedan avanzar o por lo menos mostrar a las demás que hay algo más fuera de las barreras que las diferentes sociedades nos imponen aunque eso suponga morir, o ser repudiadas por las familias.

Son las mujeres que atemorizan al IS: kurdas que toman las armas para vengar las violaciones y asesinatos de sus “hermanas”. Los yihadistas creen que si caen a sus manos no irán al paraíso.  Fuente: Papel y artículo escrito por Francisco Carrión aunque yo he hecho algún cambio, resumen e inclusión de algún párrafo.
A 5 km del frente, enfilan los peshmerga, las tropas del kurdistán iraquí. Una densas columnas de humo trepan por el horizonte . El inmueble que se yergue ante sus ojos luce un aspecto fantasmal: su esqueleto, reducido a una planta, parece carcomido por el abandono. Sus estancias a medio construir, sin embargo, son el cuartel general de una de las contadas unidades femeninas de los peshmerga. En su barracón una cuadrilla de mujeres firma el ajuste de cuentas contra quienes han sojuzgado, violado, asesinado o sepultado bajo las telas de un niqab a las “hermanas” iraquíes y sirias atrapadas en su territorio.
Hasiba Nauzad, 24 años, alta y robusta, fue la primera en enrolarse en el ejército y desde entonces dirige este escuadrón de 30 mujeres. “Decidió tomar las armas hace un años cuando vi por televisión la dramática situación que se vivía aquí”, relata enfundada en uniforme militar. Kalashnikov en ristre, deambula por habitaciones en las que las fotografías familiares adornan muros y espejos como recuerdo de las ausencias y las renuncias de sus huéspedes. “Cuando di el paso, estaba en Estambul preparando junto a mi marido el viaje a Europa” ”A él no le gustó la idea pero a mí me dio igual. Hice las maletas y regresé a casa. Él se marchó a Alemania y yo vine aquí. No le he vuelto a ver ni sé nada de él.” La fortaleza con la que marca sus palabras no es un caso aislado en este acuartelamiento. El ejército de la región autóctona del Kurdistán iraquí administrado por el Partido Democrático y la Unión Patriótica del Kurdistán abrió sus puertas al sexo femenino en 1996.
Naima Jalil tiene 25 años y procede del monte Sinyar, hogar de los castigados yazidíes, seguidores de una fe vinculada al zoroastrismo a los que los yihadistas consideran “adoradores del diablo” ..”cuando les conté a mis padres mis intenciones, lo rechazaron pero no cambié de plan y aquí estoy para defender mi tierra. Ellos, en cambio , se fueron a Alemania.

Naima, sin embargo, no siente demasiada nostalgia por la existencia que despedazaron los barbudos: antes de que irrumpieran en su callejero, la joven había abandonado la escuela tras concluir la secundaria y se ganaba su sueldo como empleada en una tienda de Sinyar, una ciudad liberada el pasado noviembre de la que apenas quedan las ruinas.
La furgoneta que las lleva cruza a toda velocidad un paisaje yermo. A bordo, la brigada comparte una animada tertulia como si sus integrantes fueran ajenas a su destino. “aquí no hay horarios cerrados . Nos levantamos  alrededor de las seis de la mañana para entrenar. Luego, asistimos a varios cursos de manejo de armamento. Todo depende de la situación en el frente. La única regla es que trabajamos 10 días y descansamos otros tantos”.
Hala, con 20 años, en una mujer lanzada y sonriente: “mi familia vive en un campo de refugiados. Huimos del Kurdistán sirio y cuando llegamos aquí, nos dimos cuenta de que la situación no era mucho mejor. Así que me viene a luchar. En mi casa soy la única que ha tomado las armas. Mis padres están felices con mi valor”.
En Teleskuf, villa cristiana abandonada por sus habitantes, fue el lugar donde el pasado mayo decenas de kamikazes  arremetieron contra los uniformados kurdos. En la refriega no faltó esta unidad de mujeres. “Hemos sufrido algunas penurias pero todo lo alivia la sensación de que estoy protegiendo nuestro país. No tenemos ningún miedo” , confiesa asida al rifle.

Farida Ali es la veterana del escuadrón. Las arrugas que comienzan  a mudar su rostro destacan entre los veintitantos que exhibe la piel tersa de sus colegas. En una sociedad conservadora, donde la mayoría de las féminas vive recluida en el hogar, Farida es una extraña excepción “Tengo 35 años . Antes de enrolarme, vivía con mis padres y hermanos. Me dedicaba a las tareas domésticas. Tres de mis hermanos son también peshmerga, “este había sido siempre mi sueño pero, hasta ahora, existían demasiados obstáculos para cumplirlo cuando escuché a unos generales animando a que las mujeres se apuntaran como voluntarias, no lo dudé . En mi entorno sorprendió mi decisión pero, para mi, esto no es algo temporal. Es la vida que quiero vivir”.
Ni los sermones de algunos ulemas, reacios a que ellas se sumen a la que hasta ahora era una contienda de hombres, han cancelado su determinación. “No me importan las palabras del resto. Tengo el apoyo de mi familia y con eso me basta”, responde Farida. 
Su existencia no es sencilla, más bien precaria, cocinan su propia comida d rancho con alimentos donados por comerciantes locales. Es una unidad que pelea por acudir la primera a los ataques, están preparadas para luchar, repeler ataques suicidas y sortear las trampas del enemigo.
El terror que infunde un batallón de mujeres armadas en el corazón de los muyahidines es un fogonazo del que presumen en este singular cuartel. “los militares del Daesh temen a las mujeres kurdas. Somos demasiado para ellos. Sus dirigentes han propagado una advertencia entre sus militantes: les han dicho que si caen a manos de mujeres jamás alcanzarán el paraíso, dice Naima.

Montserrat A


LAS KURDAS AND THE CALIFAT
There is much ignorance about women, in all respects. But as we read, investigate, and listen, we realize that the world of women is advancing, even at a slow speed due to the inconveniences encountered along the way, which in some cases can lead to death.
That is why I am proud of these women, who, above all, are their dignity and their courage. That force that makes them advance or at least show others that there is something beyond the barriers that different societies impose on us even if that means dying, or being repudiated by families.

It is the women who frighten the IS: Kurds who take up arms to avenge the rapes and murders of their "sisters." Jihadists believe that if they fall into their hands they will not go to paradise. Source: Paper and article written by Francisco Carrión although I have made some change, summary and inclusion of some paragraph.
5 km from the front, the Peshmerga, the troops of Iraqi Kurdistan. Dense columns of smoke climb the horizon. The building that stands before his eyes looks ghostly: its skeleton, reduced to a plant, seems eaten by abandonment. Their half-built stays, however, are the headquarters of one of the few female units of the peshmerga. In their barracks, a women's troupe is signing the settlement of accounts against those who have been subjugated, raped, murdered or buried under the cloth of a niqab to the Iraqi and Syrian "sisters" trapped in their territory.

Hasiba Nauzad, 24, tall and robust, was the first to join the army and has since led this squad of 30 women. "Decided to take up arms a few years ago when I saw on television the dramatic situation that was lived here," reports in military uniform. Kalashnikov in ristre, wanders in rooms where family photographs adorn walls and mirrors as a reminder of absences and resignations of his guests. "When I took the step, I was in Istanbul preparing with my husband the trip to Europe" "He did not like the idea but I did not care. I packed up and went home. He left for Germany and I came here. I have not seen him or seen anything of him. "The strength with which he marks his words is not an isolated case in this quartering. The army of the indigenous Kurdistan region administered by the Democratic Party and the Patriotic Union of Kurdistan opened its doors to women in 1996.
Naima Jalil is 25 years old and comes from Mount Sinyar, home of the punished Yazidis, followers of a faith linked to Zoroastrianism that the jihadists consider "worshipers of the devil" .. "when I told my parents my intentions, they rejected him but I did not change my plan and here I am to defend my land. They, instead, went to Germany.

Naima, however, does not feel too much nostalgia for the existence of the bearded people: before they burst into her street, she had left school after finishing high school and earned her salary as a clerk in a shop in Sinyar, a city Released last November of which there are scarcely the ruins.
The van that carries them crosses a wilderness at full speed. On board, the brigade shares a lively discussion as if its members were alien to their destination. "There are no closed hours here. We got up around six in the morning to train.
Then, we attended several courses in weapons management. It all depends on the situation on the front. The only rule is that we work 10 days and we rest so many. "
Hala, 20, in a woman released and smiling: "My family lives in a refugee camp. We fled from Syrian Kurdistan and when we arrived here, we realized that the situation was not much better. So I come to fight. In my house I am the only one who has taken up arms. My parents are happy with my courage. "
In Teleskuf, Christian village abandoned by its inhabitants, was the place where last May dozens of kamikazes attacked the Kurdish uniformed. In the fray did not miss this unit of women. "We have suffered some hardships but everything relieves the feeling that I am protecting our country. We have no fear, "he confesses to the rifle.

Farida Ali is the veteran of the squad. The wrinkles that begin to change his face stand out among the 20's that show the smooth skin of his colleagues. In a conservative society, where most females live in the home, Farida is a strange exception. "I am 35 years old. Before enrolling, I lived with my parents and siblings. I used to do housework. Three of my brothers are also peshmerga, "this had always been my dream but, until now, there were too many obstacles to fulfill when I heard generals encouraging women to sign up as volunteers, I did not hesitate. In my environment surprised my decision but, for me, this is not something temporary. It's the life I want to live. "
Not even the sermons of some ulemas, reluctant to join them to what has hitherto been a contest of men, have canceled their determination. "I do not mind the words of the rest. I have the support of my family and that is enough for me, "answers Farida.
Their existence is not simple, rather precarious, they cook their own food from the ranch with food donated by local merchants. It is a unit that fights to go first to the attacks, are prepared to fight, to repel suicidal attacks and to overcome the traps of the enemy.
The terror infused by a battalion of armed women in the heart of the mujahideen is a flash of pride in this unique barracks. "Daesh military fears Kurdish women. We are too much for them. Their leaders have issued a warning among their militants: they have been told that if they fall into the hands of women they will never reach paradise, says Naima.

Montserrat A