martes, 16 de agosto de 2016

LAS MUJERES DE LAS FARC

Yo estuve viviendo durante 2 años en Bogotá por trabajo pero esa experiencia me hizo entender y conocer muchas cosas.
Hoy leo un artículo sobre las mujeres que están militando en las Farc y la próxima paz firmada, situación que les obligará, a muchas de ellas, a abandonar un ambiente en el que podríamos decir hay crecido y vivido durante más ,en algunos casos, de media vida.
Se ha oído de todo, desde que han sido utilizadas sexualmente, hasta que han accedido por propia voluntad a militar, pero en cualquier caso, están porque quieren y porque quieren luchar por sus ideales o por lo menos es lo que también se oye.

Os escribo algunos párrafos del artículo escrito por Javier Sulé en el yo dona.
Se enrolaron en la guerrilla colombiana siendo crías en busca de un hogar, una escuela y hasta de afecto. Ahora, cuando van a ser desmovilizadas tras la firma de un acuerdo con el Gobierno de Bogotá, deben abandonar la selva y reincorporarse a la vida civil en las llamadas “zonas de ubicación”…

Una militante en las FARC, Lucero Nariño, no quiere renunciar a la revolución y por ello quiere seguir luchando en la vida civil pero sin armas.  Tras 50 años de conflicto armado, la guerrilla de las FARC dejará sus fusiles y se reconvertirá en un movimiento político. Los  8000 insurgentes que la forman abandonarán la selva, lugar donde han vivido y luchado contra los paramilitares y el ejército.  De esos guerrilleros, se estima que el 40% son mujeres y Lucero ingreso cuando tenia12 años en las FARC y empezó a cargar un fusil con 14. Era una niñas pero como dice “aquí casi todos somos hijos de campesinos y desde muy chiquitos nos tocó ir a trabajar. Yo lo hice con 7 años para ayudar en casa. Una vez por cantar gané una bicicleta, pero mi hermana enfermó y para comprar la medicina tuvimos que venderla”  ahora cuenta con 30 años.

Jineth Sánchez tiene 18 y cara de niña todavía. Entró en la guerrilla con apenas 13. Asegura convencida que si no hubiera ingresado en ella hoy sería campesina, como sus padres. “En el campo no hay oportunidades de estudiar porque el pobre en este país no las tiene. El abandono estatal es absoluto y no había ni escuela ni acceso a la salud”. Ahora ejerce de enfermera en uno de los hospitales móviles de la guerrilla.
Camila López ingreso a los 14 años “me advirtieron de que una vez ya no podría salir, que mi compromiso sería de por vida y que iba a entregarla a una causa revolucionaria. En aquel momento lo que a mí me importaba de verdad era encontrar afecto”. 14 años después dice que no se arrepiente de aquella decisión y que mereció la pena.

Patricia Martínez todavía recuerda como tuvo que huir con su familia para que los paramilitares no los mataran. Lo dejaron todo y se convirtieron en desplazados. Ella tenia 10 años . Llegaron a una zona rural con fuerte influencia de las FARC, lo que cambiaría su destino de su vida. A los 18 años decidió irse con ellos. “Hay una razón para luchar y debo aportar mi granito de arena No quiero resignarme a ser una ama de casa, casarme, tener hijos y pasar necesidades”, le dijo a su madre. 
Pero sobre este grupo, también recae la acusación de reclutamiento forzoso de menores, un extremo que las combatientes niegan.

Llegar a un campamento de las FARC no es fácil. En las selvas, ríos, planicies y sabanas de los llamados Llanos Orientales se encuentran esparcidos algunos frentes de uno de sus bloques más combativos y el más numeroso de la organización, el Frente de Jorge Briceño. Seis horas después de atravesar un último retén  militar, la presencia del Estado se va desvaneciendo y empieza  a surgir todo el universo guerrillero. Son las llamadas zonas roas, donde la insurgencia se mueve con soltura y marca el camino, a menudo remontando durante  horas caudalosos ríos  que se intrincan entre la espesura selvática.

Saben que son sus últimas jornadas en la selva. Aún así, la vida en el campamento no se altera. La disciplina militar y todas las rutinas habituales prosiguen. El domingo es el único día que descansan  y aprovechan para jugar a voleibol, ensayar danzas y teatro o ver películas.
Prácticamente la mitad de los integrantes del campamento son de sexo femenino. Y es que en la guerrilla más antigua de América del sur las mujeres han sido siempre un elemento muy importante. Nunca ha habido distinciones  entre unos y otras ni a la hora de entrar en combate ni para realizar cualquier tipo de tarea. “algunos medios de comunicación se han empeñado en mostrar que nosotras hemos sido un simple objeto sexual y resulta que no, que valemos por lo que somos y tenemos los mismos derechos y los mismos deberes que los hombres. Aquí nos sentimos respetadas y podemos decir bien alto que, al contrario de lo que sucede en Colombia, en la guerrilla no hay machismo”, dice Paula Sáenz.

Si están seguras, sin embargo, de que todos seguirán juntos y confían en que, como movimiento político, sus dirigentes continuarán velando por ellos. “Alla afuera vamos a tener un partido con unas directrices políticas que ayudarán a salir adelante y unos compañeros en los que apoyarse . Habrá oportunidades de trabajo y de formación”, dice convencida Patricia. En su fuero interno, no obstante, temen que el Gobierno colombiano les traicione o que los paramilitares acaben matándolos, y sueñan con una paz verdadera en la que haya justicia social “La Paz no es solo dejar las armas  si los orígenes que han generado la guerra siguen vivos. Como partido tendremos un compromiso mayor. La lucha va a prolongarse hasta que cambie odo el sistema imperante, hasta que toda la humanidad pueda vivir dignamente y tomemos el poder para el pueblo. Ese es el objetivo de cualquier revolucionario” asevera Camila.

Tan acostumbrados a pensar siempre en grupo y a vivir como tal, no muestran demasiada ilusión en formar un hogar y tener hijos. Tampoco dejan traslucir una emoción especial si se les habla de reencontrarse  con sus madres. El amor a la revolución está por encima de todo y su forma de vida les impide expresar deseos individuales.

Montserrat A



WOMEN OF THE FARC
I lived for 2 years in Bogotá for work but that experience made me understand and know many things.
Today I read an article about women who are militating in the FARC and next signed peace, a situation that will force them to many of them, to leave an environment where we could say there grown up and lived for more, in some cases, half life.
It has heard everything, since they have been sexually used until they have agreed voluntarily to military, but in any case, are because they want to and because they want to fight for their ideals or at least is what is also heard.

I write a few paragraphs of the article written by Javier Sulé in I donated.
They enlisted in the Colombian guerrillas still young in search of a home, a school and even affection. Now, when they are to be demobilized after the signing of an agreement with the Government of Bogota, they must leave the forest and return to civilian life in so-called "concentration zones" ...

A militant FARC, Lucero Nariño not want to give up the revolution and therefore wants to continue fighting in civilian life but unarmed. After 50 years of armed conflict, the FARC leave their rifles and reconverted into a political movement. 8,000 insurgents who form leave the jungle, where they lived and fought the paramilitaries and the army. Of those guerrillas, it is estimated that 40% are women and Lucero income when tenia12 years in the FARC and began to load a rifle with 14. It was a girls but as he says "here are almost all children of peasants and from very young we played go to work. I did 7 years to help at home. Once sing won a bicycle, but my sister got sick and to buy medicine we had to sell "now has 30 years.
Jineth Sánchez is 18 and still girlish face. He entered the guerrilla with just 13. Assures convinced that if it had not entered into it today would be peasant, like their parents. "In the field there are no opportunities to study because the poor in this country do not. State abandonment is absolute and there was no access to school or health. " Now he acts as a nurse in one of the mobile hospitals in the guerrilla.

Camila Lopez income at 14 "warned me that once could not get out, that my commitment would be for life and that he would deliver a revolutionary cause. At that time what mattered to me was to find true love. " 14 years later he says he has no regrets about that decision and it was worth it.
Patricia Martinez still remembers how he had to flee with his family to the paramilitaries not killed. They left everything and became displaced. She was 10 years old. They came to a rural area with a strong influence of the FARC, which would change the fate of his life. At 18 he decided to go with them. "There is a reason to fight and I contribute my bit I do not want myself to be a housewife, married, have children and spending needs," her mother said.
But this group also bears the accusation of forced recruitment of minors, one end of the fighters refuse.

Reaching a FARC camp is not easy. In the forests, rivers, plains and savannahs of the Llanos Orientales are called scattered some fronts of one of its most militant and the largest of the organization, the Front of Jorge Briceno blocks. Six hours after passing a final military checkpoint, the state's presence fades and begins to emerge around the guerrilla universe. Roas calls are areas where the insurgency moves with ease and marks the way, often for hours going up rivers which intrincan between the jungle thicket.
They know they are his last days in the jungle. Still, life in the camp is not altered. Military discipline and all the usual routines continue. Sunday is the only day rest and a chance to play volleyball, rehearse dances and theater or watching movies.

Almost half of the members of the camp are female. And in the oldest guerrilla group in South America women have always been a very important element. There has never been distinctions between each other or when going into battle or to perform any task. "Some media have endeavored to show that we have been a mere sexual object turns out that no, we're worth so that we are and have the same rights and the same duties as men. Here we are respected and we can say loud and clear that, contrary to what happens in Colombia, the guerrilla no sexism, "says Paula Saenz.
If you are sure, however, that all together and remain confident that, as a political movement, its leaders continue watching over them. "Out there we will have a party with a political guidelines that help you get ahead and some friends to lean on. There will be job opportunities and training, "says Patricia convinced. Inwardly, however, fear that the Colombian government betray them or paramilitaries end up killing them, and dream of a true peace in which there is social justice "Peace is not only lay down its arms if the origins that have generated the war still alive. As a party we will have a greater commitment. The fight will continue until odo change the prevailing system until all humanity can live in dignity and take power for the people. That is the goal of any revolutionary "asserts Camila.

So used to always think of the group and to live as such, they do not show too much enthusiasm to make a home and have children. Nor belie a special emotion if they are spoken to reconnect with their mothers. The love of revolution is above all and your lifestyle prevents them from expressing individual desires.


Montserrat A