sábado, 20 de diciembre de 2014

DISFRUTAR DEL OTOÑO EN ESPAÑA

HAYEDO MONTEJO
Hayas, castaños, robles, álamos, chopos, alisos, olmos
desnudan sus cuerpos con la llegada del otoño, pero previamente ofrecen un espectáculo insólito cargado de ocres, rojos y dorados.

Cuenca y sus Casa Colgadas desafían el vacío desde las alturas y contemplan las hoces que los ríos Huécar y Júcar configuran a su paso, creando un paisaje que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Las aguas del Júcar tienen color esmeralda como  consecuencia de la elevada concentración de cal que hay en el cauce y en las rocas. Este sinuoso corredor fluvial de cuarenta kilómetros de recorrido circula entre álamos, chopos, pinos piñoneros, castaños y sauces que, en otoño, forman una paleta de ocres y amarillos que deslumbran al viajero y que ofrecen el escenario perfecto en el que conviven restos de antiguas ermitas, viejos molinos y casas de labranza. Sus  hojas caídas forman una tupida alfombra que no sólo es bella sino también fructífera, pues son el abono perfecto en el que brotan los hongos y las frondas de la nueva  primavera.

El hayedo de Montejo, entre Madrid y Guadalajara
Cuenta la leyenda que el bosque conocido como El Chaparral estaba habitado por duendes y hadas y que éstas, juguetonas y curiosas, gustaban de engatusar a los visitantes y caminantes del bosque con sus caricias y dulces cánticos. Estos cantos tan melosos y atractivos servían para llevar a los paseantes hasta sus guaridas y convertirlos en animales tales como la lagartija o el petirrojo, con lo que conseguían un mayor número de habitantes y mayor encanto. Hoy no se ha establecido un riguroso cupo diario y sólo los muy madrugadores o los muy organizados pueden visitarlo el día elegido.
Aunque el camino  que muestra un guía se abre en mitad de una bóveda vegetal formada por enormes robles, abedules, acebos y serbales,  al fondo esperan las reinas del bosque , las hayas que lucen sus troncos y ramas enguantados de musgo y las cabelleras encendidas de hojas pardas y amarilla que se agitan al viento.

VALLE DE AMBROZ
Valle de Ambroz en Cáceres
Lo que lleva al viajero a estas tierras son sus habitantes
vegetales que convierten la región en paisajes cambiantes en cada época del año. En primavera , es el cercano valle del Jerte y sus miles de cerezos en flor, el gran protagonista; en invierno y verano, las próximas Hurdes con su serena y solitaria belleza. Pero en otoño, es la dehesa la que muestra su esplendor, salpicada de castaños y nogales, de encinas y alcornoques, en el valle de Ambroz.

Embalse de ruesga en Palencia
Uno de los paisajes más bellos de la Montaña Palentina se encuentra siguiendo el rio Rivera, afluente del Pisuerga.
En sus orillas se encuentran dos de las estampas que justifican la visita: el pinar natural del Velilla y el hayedo de Otero de Guardo. El primero mantiene su verde original durante el otoño que contrasta con la paleta de ocres, amarillos y marrones del hayedo cuando desnuda sus hojas . Pero  no  son los únicos habitantes vegetales que dan vida a estas orillas que doblan su belleza al reflejarse en las tranquilas  aguas del embalse.
Bosques con robledales, brezales y pastizales alpinos  típicos de la montaña palentina.

LA RIOJA EN OTOÑO
La Rioja
El otoño es tiempo de vendimia. En la Rioja. Desde los tonos picota y cereza de los garnachos de Peña Isasa  la suavidad de los pasteles ocres del tempranillo de la Sonsierra, con luces perezosas que se cuelan en el fondo de las viñas. La Rioja estalla multicolor tras la vendimia. Las viñas se alimentan a sí mismas en un círculo vegetativo  que tiene un momento de limpia belleza, de singular cromatismo entre octubre y noviembre, cuando la mayor parte de las uvas ya ha florecido .
Los hombres ya han recogido los frutos; pro aún quedan los viñedos y se pueden descubrir las variedades por los tonos de sus hojas.
Hay parajes en la Rioja donde los colores de los viñedos han sido  especialmente caprichosos: de la intensidad de los marrones que llegan al carmesí o incluso al rosa a la amplia paleta de violetas, añiles, cerezas, rosas palo, ocres, rojos, anaranjados, amarillos pajizos, y hasta ámbar o el negro más oscuro en hojas que están a punto de rodar por el suelo a los pies de las vides.

Montserrat A



ENJOY THE AUTUMN IN SPAIN
Beech, chestnut, oak, aspen, poplar, alder, elm bare their bodies with the arrival of autumn, but previously offered an unusual show full of browns, reds and golds.

Hanging House Basin and defy the void from the heights and contemplate the sickles that Huécar and Júcar rivers configured in its path, creating a landscape that has been declared a World Heritage Site. The waters of the Júcar have emerald due to the high concentration of lime there on the runway and on the rocks. This winding river corridor forty km route runs between poplars, pinyon pine, chestnut and willow trees in autumn, forming a palette of browns and yellows that dazzle traveler and offer the perfect setting in which coexist remains of ancient hermitages, old mills and farmhouses. Their fallen leaves form a dense mat that is not only beautiful but also fruitful, as they are the perfect fertilizer in sprouting fungi and fronds of the new spring.

The beech Montejo, between Madrid and Guadalajara
Legend has it that the forest known as El Chaparral was inhabited by elves and fairies and that these, playful and curious, liked to lure visitors and walkers of the forest with his caresses and sweet songs. These very mellow songs and attractive served to bring the walkers to their dens and turn them into animals such as lizards or Robin, thereby getting more people and more charm. Today has not established a rigorous daily and only early risers fit or very organized can visit the chosen day.
Although the road showing a guide opens in the middle of a vegetable vault formed by huge oak, birch, holly and rowan trees in the background waiting queens forest, beech trunks and branches look gloved moss and lighted scalps brown and yellow leaves that flutter in the wind.

Ambroz Valley in Caceres
Which brings the traveler to these lands are their plant inhabitants that make the region in changing landscapes in every season. In the spring, is the nearby valley of Jerte and thousands of cherry blossoms, the main protagonist; in winter and summer, the next Hurd with his quiet, solitary beauty. But in autumn, is the meadow which shows its splendor, dotted with chestnut and walnut, with oak trees in the valley of Ambroz.

Reservoir ruesga in Palencia
One of the most beautiful scenery in the mountains of Palencia is located along the river Rivera, affluent of Pisuerga.
On its banks are two of the prints that justify a visit: the natural pine and beech of Velilla de Otero de Guardo. The first maintains its original green during autumn contrast to the palette of ocher, yellow and brown when naked beech leaves. But plants are not the only people who give life to these shores doubling their beauty to be reflected in the calm waters of the reservoir.
Oak forests, heaths and grasslands typical alpine mountain Palencia.

Rioja
Autumn is harvest time. In the Rioja. From the tone cherry and cherry garnachos Peña Isasa soft pastels ocher Sonsierra tempranillo with lazy lights that slip at the bottom of the vines. La Rioja multicolor bursts after harvesting. The vines are fed themselves in a vegetative circle having a moment of clean beauty, unique chromaticism between October and November, when most of the grapes has already blossomed.
Men have already reaped the fruits; pro remain vineyards and varieties can be discovered by the tones of their leaves.
There are places in Rioja where the colors of the vineyards have been particularly capricious: the intensity of brown reaching the crimson or even rose to the wide palette of violet, indigo, cherries, bat, ocher, red roses, orange, yellow straws, and even darker amber or black sheets that are about to roll on the floor at the foot of the vines.


Montserrat A