sábado, 22 de noviembre de 2014

RELATO: HUEVOS Y MAIZ COCIDOS

En una oportunidad, Nasrudin viajaba entre dos ciudades
importantes y paró en un albergue a tomar un desayuno; pidió tres huevos cocidos y una taza de té. En el momento de pagar, el posadero se había ausentado. Nasrudin pensó: “Esto no es un desayuno muy caro, no lo perjudicaré si no le pago; la próxima vez que venga a este albergue arreglaré mis cuentas con él”.
Tres meses después volvió al lugar, se presentó al posadero y se ofreció a pagar el desayuno que le debía. Este le increpó duramente y le pidió dos piezas de plata. Nasrudin se negó a pagar por parecerle un precio exorbitante. El posadero se justificó diciendo:

·         Si tú no te hubieras comido esos tres huevos, se habrían transformado en pequeños pollos y hoy serían grandes pollos saludables.

Como no llegaron a un acuerdo, Nasrudin fue citado a comparecer ante el juez . Llegó a la audiencia muy atrasado, y el magistrado le pidió una explicación. Nasrudin se excusó de la siguiente manera:

·         Me he retrasado, pues he estado sembrando maíz cocido en el campo.
·         Eso es imposible-dijo el juez-; si tú eres labrador, bien debes saber que si cueces el maíz no te dará ningún fruto.
·         Bueno-contesto Nasrudin-, en este juicio se supone que huevos cocidos pueden dar pequeños pollos; por lo tanto, sembrar maíz cocido no debería ser extraordinario.


A.H. D. HALKA