domingo, 20 de diciembre de 2015

JEJU Y SUS SIRENAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Nunca dejaré de sorprenderme y lo chocante es que me sorprenda cuando oigo hazañas hechas por mujeres. Mujeres fuertes, sin protección alguna más que las de ellas mismas, luchando por la subsistencia diaria. Os relato una historia real escrita por Atahualpa Amerise que apareció en la Voz de Galicia del día 30 de Noviembre.

En la isla surcoreana de Jeju, 4500 mujeres bucean para recolectar algas y moluscos; la mayoría son mayores de 60 años y no hayan sucesoras.

En la isla surcoreana de Jeju, las sirenas están en peligro de extinción. Las haenyeo o mujeres del mar, que desde hace cuatro siglos desafían al océano armadas con un cuchillo y la fuerza de sus pulmones, no encuentran reemplazo en las nuevas generaciones.
Estas buceadoras, que se sumergen a más de diez metros de profundidad para recolectar moluscos y algas, se contaban por decenas de miles hace medio siglo, pero a día de hoy suman unas 4500 en activo, casi todas mayores de 60 años y algunas incluso cerca de los 90.
“Espero seguir buceando al menos veinte años más, hasta que el cuerpo me diga basta”, comenta tras salir de una inmersión Hong Sun Oh, de 62 años, y con más de cuatro décadas de experiencia como haenyeo en esta isla volcánica de casi 600,000 habitantes al sur del país.

Hong, que heredó la profesión de su madre, celebra que ninguna de sus cuatro hijas haya decidido seguir la tradición familiar ya que bucear a pulmón desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde “es un trabajo agotador, peligroso y que daña la piel y la salud”, explica.

Al igual que sus compañeras, ella es capaz de aguantar la respiración durante más de un minuto para  extraer de las profundidades algas y moluscos entre ellos, los cotizados abulones que luego distribuye a través de la cooperativa de su aldea.

Esta veterana se embolsa entre 1 y 2 millones de wones mensuales (780-1560 euros) a cambio de enfrentarse a los peligros del mar, como el síndrome de descompresión que dejó sorda a una de sus mejores  amigas  o las ocasionales visitas de tiburones.
Aunque ninguno de estos  dos es el peor enemigo de la haenyeo “lo más peligroso, sin duda, son las redes de pescas”. Asegura  Hong, que recuerda con tristeza cómo una de sus compañeras quedo enganchada a varios metros de profundidad y no pudo regresar a la superficie.

En todo caso, la sexagenaria se lanza al agua sin miedo. “Cuando era joven me asustaba mucho, ya que a diez o quince metros de profundidad está todo oscuro y no podía ver los peligros, pero ahora estoy acostumbrada y me da igual”, asegura.
“Gana en la próxima vida y gasta en esta” es el lema ancestral de las haenyeo, su peculiar carpe diem que les recuerda la letal crueldad del mar y las invita a disfrutar cada día como si fuera el último.
Además, confían su destino a la Abuela del Rey Dragón, su propia diosa del océano a la que cada  primavera piden protección y abundancia en un antiguo ritual chamán.

Aunque en Jeju se bucea desde hace más de 2000 años, las primeras haenyeo aparecieron en el siglo XVII, cuando los excesivos impuestos y las guerras obligaron  a buena parte de los hombres a emigrar y ellas tomaron las riendas de la economía doméstica. Desde entonces, Jeju es popularmente conocida como la isla de las mujeres y se le atribuye la expresión sam-da referida a las tres cosas que más abundan en su territorio: rocas, viento y mujeres.
Las haenyeo, que se sumergen entre 10 y 15 días al mes a cientos de metros de la costa, incluso durante el frío invierno, utilizan hoy aletas, máscaras, cinturones y plomo  y trajes de neopreno, comodidades de las que carecían en el pasado. “Antes no teníamos trajes de neopreno ni plomos y las gafas eran muy pequeñas pero aun así salíamos a bucear, incluso en invierno, porque había que ganarse la vida”, recuerda Hong. En los meses más fríos, con temperaturas cercanas a los cero grados, las buceadoras se reúnen entre inmersiones en torno a una hoguera en el centro de una defensa de rocas a la que llaman chimenea.

Las haenyeo han estado siempre relegadas al eslabón más bajo de la sociedad, pero desde la pasada década su labor comenzó a ganar reconocimiento y hoy son candidatas a formar parte de la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Unesco, además de recibir
una creciente atención mediática e incentivos del Gobierno.

Montserrat A



JEJU SIRENS AND ENDANGERED
I never cease to be amazed and shocking that I'm surprised when I hear achievements made by women. Strong women, unprotected than those of themselves, fighting for daily survival. Os story a true story written by Atahualpa Amerise that appeared in the Voice of Galicia on 30 November.

In the South Korean island of Jeju, 4500 Women dive to collect seaweed and shellfish; most are over 60 and have no successors.

In the South Korean island of Jeju, the sirens are endangered. The haenyeo and women of the sea, four centuries defy the ocean armed with a knife and the strength of his lungs, they are not replaced in the new generations.
These divers, who dive to more than ten meters deep to collect shellfish and seaweed, numbered in the tens of thousands half a century ago, but today number about 4,500 in assets, almost all older than 60 years and some even close 90.
"I hope to continue diving at least twenty more years, until the body says enough for me," he says after leaving immersion Hong Sun Oh, 62, and over four decades of experience as haenyeo on this volcanic island of almost 600,000 inhabitants in the south.

Hong, who inherited the profession from his mother, held that none of his four daughters have decided to follow the family tradition since Lung dive from nine in the morning until four in the afternoon "is an exhausting, dangerous work and that damages skin and health, "he explains.

Like her companions, she is able to hold his breath for more than a minute to remove algae and molluscs depths including abalone quoted then distributed through the cooperative in her village.

This veteran pockets between 1 and 2 million won per month (780-1560 euros) in exchange for brave the dangers of the sea, such as decompression sickness that left her deaf in one of her best friends or the occasional visits of sharks.
Although neither of these two is the worst enemy of "the most dangerous thing certainly are fishing nets" haenyeo. Hong ensures that sadly recalls how one of his companions been hooked to several meters deep and could not return to the surface.

In any case, the sexagenarian jumps into the water without fear. "When I was young I was scared much as ten or fifteen meters deep is all dark and could not see the dangers, but now I'm used to and I do not care," he says.
"Win in the next life and spend on this" is the motto of the ancient haenyeo, carpe diem peculiar reminding them of the deadly cruelty of the sea and invites them to enjoy each day as if it were your last.
In addition, they entrust their fate to the Dragon King grandmother each spring to seek protection and abundance in an old shaman ritual, their own goddess of the ocean.

Although diving for more than 2000 years ago in Jeju haenyeo first appeared in the seventeenth century, when excessive taxation and wars forced many of the men to emigrate and they took over the domestic economy. Since then, Jeju is popularly known as the island of women and is credited da sam-expression referring to the three things that abound in its territory: rocks, wind and women.
The haenyeo, which dip 10 to 15 days a month to hundreds of meters from the coast, even during the cold winter, used today fins, masks, belts and lead and wetsuits, facilities lacking in the past. "We did not wetsuits or leads and glasses were very small but still went out to dive, even in winter, because he had to earn a living," recalls Hong. In the coldest months, with temperatures close to zero degrees, the divers between dives gather around a bonfire in the middle of a defense of rocks they call chimney.

The haenyeo have always been relegated to the lowest of society link, but over the past decade his work began to gain recognition and are now candidates to join the list of intangible cultural heritage of UNESCO, as well as receiving increasing media attention and government incentives.

Montserrat A