jueves, 21 de mayo de 2015

LA VIDA ISLEÑA: BOIPEBA

La isla de Boipeba, incrustada en la zona sur del estado
brasileño de Bahia, se salta olímpicamente el lugar común y se transforma en algo único, incomparable, fuera de la norma.

Boipeba posee un anonimato que la ha mantenido lejana de las miradas turísticas por el Morro de Sao Paulo, en la isla Tinharé ,que se lleva a las masas con playas llenas y fiestas cada noche. Boipeba es todo lo contrario: con poca gente, mucha paz y escasísimas fiestas y a nadie le importa. El punto diferenciador de este pedazo de tierra es que aún está conectado con la naturaleza que se cuela por todos los rincones de la Mata Atlántica una formación vegetal típica de Brasil y en la que el ser humano es un invitado más. Cuatro pequeñas villas desperdigadas en su geografía de lomas de arena, selva y panorámicas del océano, se suman al marco de postales clásicas del nordeste del Brasil: playas blancas, palmeras, mar deliciosamente templado y muchas sonrisas.

El llegar es todo una aventura, no es fácil alcanzar la isla. Desde Salvador hay que cruzar en transbordador la bahía de Todos los Santos con impresionantes vistas de la capital bahiana, para luego tomar un bus en la isla de Itaparica y llegar , tres horas después, a Valença. Esta urbe es el punto para sacar dinero en efectivo, ya que Boipeba, entre otras bondades, carece de cajas automáticas. Ene l puerto de Valença salen embarcaciones. En el puerto de Valença salen embarcaciones rápidas y lentas. Estas últimas, curiosamente, son las que dejan más clara acerca de a dónde uno va: durante cuatro horas una de bus y tres de barco se navegan ondulantes ríos cercados por manglares muy conservados. En el trayecto desfilan pesadores, aldeas costeras y muchas aves en un área siempre verde y calurosa. Al llegar a la desembocadura del río Inferno, se ven los quitasoles que adornan la playa de Velha Boipeba.

Este poblado es el mas desarrollado de la isla y cuenta con varias opciones par dormir, comer, organizar paseos y comunicarse con el continente. Tiene solo 1500 personas y el silencio remece: el único automóvil en el lugar es una ambulancia que vive estacionada y hay un puñado de motos. Los motores no son bienvenidos acá. Desde el primer momento los isleños te tratan de una manera sumamente amable y solidaria.
El atractivo de esta villa hace pensar en quedarse; sin embargo, el destino del viaje por la isla, realmente, es Moreré. Y para ir hay que internarse por pequeñas callejuelas hasta reconocer el paradero de la jardineira, tractor que arrastra un carro de pasajeros, y el único capaz de cruzar el camino de arena y bosque que lleva a Moreré tras una movediza media hora.

En Moreré la naturaleza habla. La selva absorbe las colinas cercanas a la playa y resguarda posadas bien posicionadas de un estilo más exclusivo. No son muchas y la gente escasea en las arenas rubias. Son 500 habitantes con los que cuenta esta mínima aldea. Posee dos comercios una panadería y un par de restaurantes. No hay más

Hay mareas altas y bajas  pero la diferencia entre una y otra hace que el paisaje cambie radialmente. Casi 100 mt quedan desiertos en la bajamar, dejando a los botes varados y una cancha de fútbol playera con arcos al descubierto.
Todo está vivo: se comparte el cuarto con animalitos, como murciélagos, los mangos caen de altos árboles sin importarles quién esté abajo , lo natural es dormirse a las 8pm y amanecer a las 5 am

La mejor playa del lugar Bainema. Tiene unos 10 km de largo, arenas  amarillísimas, centenares de palmeras y casi ningún alma a la redonda. Hay zonas con mucho oleaje y zonas para hacer snorkel.  Los pescadores siempre circulan por este sitio y es posible comprarles pulpo, langosta o pescado fresquísimos a precios muy bajos y sonrisas anexas.

Después de unos días en Moreré se recupera la fe en el ser humano. Ese efecto de sentir que alguien te podría hacer daño o engañarte, síndrome permanente de las ciudades, termina por desaparecer. Es entonces cuando su hechizo se hace más patente: se valora el sonido de los insectos, la riqueza inmensa del océano, el clima siempre cálido y el sentido de la paz.

Montserrat A


LIFE ISLEÑA
Boipeba Island, embedded in the south of the Brazilian state of Bahia, skip cavalierly commonplace and transformed into something unique, unparalleled, outside the norm.

Boipeba has an anonymity that has kept far from the tourist looks for Morro de Sao Paulo on the island Tinharé, carried the masses with crowded beaches and partying every night. Boipeba is the opposite: uncrowded, very peaceful and very few parties and nobody cares. The differentiating point of this piece of land is that it is still connected with nature that filters through every corner of the Atlantic Forest a typical plant formation of Brazil and in which the human being is a guest. Four small villages scattered in the geography of sand hills, forest and panoramic ocean, are added to the framework of classic postcards northeastern Brazil: white beaches, palm trees, deliciously warm sea and lots of smiles.

The reach is all an adventure, is not easy to reach the island. From Salvador you have to cross by ferry the Bay of All Saints with stunning views of the capital of Bahia, and then take a bus on the island of Itaparica and arrive three hours later, Valenca. This city is the point to take cash, because Boipeba, among other benefits, no automatic gearboxes. Jan l Valença boats depart port. In the port of Valenca go fast and slow boats. The latter, interestingly, are left clearer about where you go: four hours of bus and boat rolling three rivers surrounded by highly conserved mangrove sailing. In the parade route weighers, coastal villages and thousands of birds in an evergreen and warm area. On reaching the mouth of the river Inferno, the umbrellas that decorate the beach in Velha Boipeba are.

This town is the most developed of the island and has several options couple sleeping, eating, organize walks and communicate with the mainland. It has only 1500 people and silence shakes: the only car in the place is living an ambulance parked and there are a handful of bikes. The engines are not welcome here. From the outset the islanders treat you a very friendly and supportive way.
The appeal of this villa makes think about staying; however, the travel destination around the island, really, is Moreré. And to go there to penetrate by small streets to acknowledge the whereabouts of the jardineira, tractor pulling a passenger car, and the only one to cross the sand road and forest leading to Moreré after half an hour shifting.

In Moreré nature speaks. The forest absorbs the hills near the beach and protects posadas well positioned for a more exclusive style. There are not many people and scarce in the golden sand. There are 500 inhabitants are there in this minimal village. It has two shops a bakery and a few restaurants. There is no more

There are high and low tides but the difference between them makes the landscape change radially. 100 mt are almost deserted at low tide, leaving the stranded boats and a tennis football shirt with bows exposed.
Everything is alive: the room with animals, like bats, mangoes falling from tall trees no matter who is down, shared natural is asleep at 8pm and dawn at 5 am

The best place Bainema beach. Is about 10 km long, amarillísimas sands, hundreds of palm trees and almost no soul around. There are areas with lots of waves and snorkeling areas. Fishermen always circulating in this site and may buy octopus, lobster or the freshest fish at very low prices and annexed smiles.

After a few days recovering Moreré faith in humans. The effect of feeling that someone could harm or deceive, permanent syndrome cities, ends up disappearing. That's when the spell is most evident: the sound of insects, the vast wealth of the ocean, the climate always warm and the sense of peace is valued.


Montserrat A