martes, 27 de junio de 2017

VOLVER A CASA DESPUÉS DE HABERSE EMANCIPADO

Cuando yo era más joven  y en mi época nos emancipábamos sin estar casados, cosa no habitual, nos íbamos con todas las consecuencias. El momento también era difícil pues los trabajos no se encontraban con facilidad aunque si te movías encontrabas algo siempre. Lo de volver a casa? Creo que no se nos pasaba ni por la cabeza, antes te ibas y te ibas. Podías pedir ayuda y si la familia podía lo hacían pero cada uno en su casa o bien volviendo al inicio, es decir, “vienes a mi casa con mis normas”.

Hoy en día, toda la sociedad ha cambiado y no precisamente para bien. Los jóvenes se van de casa para estudiar, para buscar una oportunidad, se casan, etc… pero llega un día que se dan cuenta de que la situación les supera por diferentes circunstancias, se divorcian, pierden los sueldos, no consiguen estabilidad económica, los trabajos si se encuentran son más “basura” que nunca, en fin, que cada vez es más complicado, teniendo en cuenta la sociedad en la que vivimos que es inmensamente cara, clasista e injusta.

Por ello, por estas circunstancias y por algunas más, los hijos regresan a casa, todo un desafío para ambas partes. Hay que crear nuevas normas de convivencia que pueden afectar a la libertad obtenida anteriormente, tanto para unos como para otros, volviendo a obligaciones y quizás falta de libertad para ambas partes.
Hay familias que han tenido que asistir a terapia debido a una depresión causada por pensar que se ha fracasado con los hijos. La vuelta a casa de los hijos puede provocar muchos problemas familiares que no existían. Hijos que regresan solos, otros acompañados por la pareja o bien con hijos. Situación que engrosa el gasto en casa, un gasto que no existía y que además provoca crisis económicas ya que con el reparto cada vez el sueldo y la disponibilidad económica es más pequeña.

El instituto valenciano de investigaciones económicas estimaba hace tres años que el 27% de los jóvenes emancipados de entre 25 y 30 años,  había tenido que regresar al hogar familiar, en un 87% de los casos por razones económicas. Los mismos expertos consideran que esa tendencia al menos se ha mantenido desde entonces. En otro informe, este del instituto internacional de Estudios sobre la Familia, se concluye que un 88% de los españoles cree que los allegados son el principal colchón financiero y anímico frente a la crisis. Estos casos confirman una realidad presente en cualquier entorno social: la casa y el sueldo de los padres se han convertido con más frecuencia de la deseada, en el último recurso de los que ya se conoce como hijos bumerán, retornados a su pesar y a la espera de nuevas oportunidades para recuperar la independencia. Mientras tanto, deben afrontar una relación familiar que no se parece en nada a la que conocieron años atrás cuando eran los niños de la casa. Es una nueva convivencia entre adultos con vínculos fuertes, pero también con criterios, prioridades y emociones muy distintas.

Pero no hay duda que regresar a casa de los padres con 35 o 40 años no es sencillo. Hace sentir fracaso a los regresados. Es una dependencia que si se prolonga , puede provocar cuadros de ansiedad e incluso de depresión a ambas partes, generando graves tensiones familiares.
Los que regresan están acostumbrados a su libertad y su manera de hacer, sus normas. Los que acogen están acostumbrados a estar en su casa haciendo lo que quieren, con su nueva vida de libertad,  cada uno hace lo que cree que debe hacer pero no siempre ambas partes coinciden y los encontronazos y desavenencias aparecen.

Sin embargo, este no es el único problema que puede generarse. Los problemas económicos: mismo sueldo de los progenitores dividido entre todos los que han vuelto a convivir de nuevo juntos. No podemos obviar que a veces, regresan más que se van.  Para la psicóloga María dolores Ortiz dice: “hay que ser conscientes  de que son los padres los que voluntariamente deciden ayudar. Por tanto, merecen mayor consideración. Muchos hijos creen que los progenitores siempre deben estar ahí para echarles una mano, pero eso no puede considerarse una obligación, sino un acto de solidaridad. Hay que entender que los padres también se independizan cuando sus hijos se van de casa, que construyen una nueva vida y que, de pronto, ven cómo se invade nuevamente su espacio y su tiempo”.

En cuanto a las imposiciones y deber encontrar un equilibrio en la convivencia, el propósito es complejo y a menudo, suele imponerse las condiciones de los hijos, porque los mayores tienden a compadecerse, tienen menos energía para establecer límites a la voluntad y los caprichos de los jóvenes… Tampoco podemos caer en el “error” de querer volver a establecer la antigua jerarquía, por lo que los progenitores se ven con derecho a controlar los horarios y los tiempos de los hijos, o inmiscuirse en sus decisiones. Encontrar un equilibrio no es fácil pues ambas partes deben hacer un esfuerzo por marcar unas normas generales donde todos se involucren y colaboren de una manera u otra.

Tal vez esa convivencia forzada termine siendo una oportunidad para disfrutar más de los padres y reforzar los vínculos pero mientras, toca esforzarse para ver cómo se busca cada uno su espacio evitando molestar al otro.

Montserrat A



RETURN TO HOME AFTER YOU ARE EMANCIPATED
When I was younger and in my time we emancipated without being married, something unusual, we were going with all the consequences. The time was also difficult because the jobs were not easily found but if you moved you always found something. What about coming home? I think we did not go through the head, before you left and went. You could ask for help and if the family could do it but everyone in their house or returning to the beginning, that is to say, "you come to my house with my rules".

Today, the whole society has changed and not just for the better. The young people leave home to study, to seek a chance, to marry, etc ... but one day they come to realize that the situation overcomes them by different circumstances, they divorce, they lose their salaries, they do not get economic stability, the Jobs if they are found are more "junk" than ever, in short, that is becoming more complicated, taking into account the society we live in that is immensely expensive, classy and unfair.

Therefore, because of these circumstances and some more, the children return home, a challenge for both parties. It is necessary to create new norms of coexistence that can affect the freedom obtained previously, for some as for others, returning to obligations and perhaps lack of freedom for both parties.

There are families who have had to attend therapy because of a depression caused by thinking that they have failed children. The return home of the children can cause many family problems that did not exist. Children who return alone, others accompanied by the couple or with children. Situation that thickens the expenditure in house, an expense that did not exist and that also causes economic crises since with the distribution each time the salary and the economic availability is smaller.
The Valencian institute for economic research estimated three years ago that 27% of emancipated young people between the ages of 25 and 30 had to return to the family home, in 87% of cases for economic reasons. The same experts believe that this trend has at least been maintained since then. In another report, this from the International Institute for Family Studies, it is concluded that 88% of Spaniards believe that relatives are the main financial and psychic cushion in the face of the crisis. These cases confirm a present reality in any social environment: the house and the salary of the parents have become more frequently than desired, in the last resort of what are already known as boomerang children, returned to their regret and waiting Of new opportunities to regain independence. Meanwhile, they must face a family relationship that is nothing like the one they knew years ago when they were the children of the house. It is a new coexistence between adults with strong ties, but also with very different criteria, priorities and emotions.

But there is no doubt that returning home from parents with 35 or 40 years is not easy. It makes the returnees feel failure. It is a dependency that, if prolonged, can provoke anxiety and even depression to both parties, generating serious family tensions.
Those who return are accustomed to their freedom and their way of doing, their norms. Those who welcome are accustomed to being at home doing what they want, with their new life of freedom, each one does what he thinks he should do but not always both parties coincide and clashes and disagreements appear.

However, this is not the only problem that can be generated. The economic problems: same salary of the parents divided between all those who have returned to live together again. We can not forget that sometimes, they return more than they leave. For the psychologist María Dolores Ortiz says: "you have to be aware that it is the parents who voluntarily decide to help. They deserve further consideration. Many children believe that parents should always be there to lend a hand, but that can not be considered an obligation, but an act of solidarity. It is necessary to understand that parents also become independent when their children leave home, that they build a new life and that, suddenly, they see how they invade again their space and their time ".

As for impositions and a balance in coexistence, the purpose is complex and often, the conditions of children are usually imposed, because the older tend to be pitied, have less energy to set limits to the will and the whims of the Young people ... Nor can we fall into the "error" of wanting to re-establish the old hierarchy, so that parents are entitled to control the schedules and times of children, or interfere in their decisions. Finding a balance is not easy because both parties should make an effort to set general rules where everyone gets involved and collaborates in one way or another.
Perhaps this forced coexistence ends up being an opportunity to enjoy more of the parents and strengthen the bonds but while, it is hard to see how each one seeks his space avoiding disturbing the other.


Montserrat A