viernes, 13 de enero de 2017

EL BARRIO MAS POBRE DE ESPAÑA

A veces nuestra vida se encierra en nuestro propio
mundo pensando que todo es igual para todos y que nuestra gran desgracia por no poder adquirir una simpleza es la mayor del mundo pero lo que no pensamos nunca es que si miramos atrás podemos encontrar gente con motivos suficientes para estar preocupados o quejarse de las desgracias de la vida.
Quico Alsedo escribió un artículo sobre el barrio más pobre de España, construido en los años 50 como refugio temporal para obreros, ese barrio se llama los pajaritos (Sevilla). Su renta asciende a 12.614 euros.

Para los niños de los pajaritos, en vez de comer filetes, se mal nutren con bollos . Viven casi en el centro de Sevilla, a unos cientos de metros del estadio Sánchez Pizjuan, pero cuando salen del barrio dicen, que van a Sevilla.
La asociación de vecinos, único Estado presente en un lugar donde el otro se las piró, les presta bonobuses y les organiza visitas, como si fueran turísticas, para que los críos vean lo que hay. A sus padres y sus dignidades polvorientas, pálidas en la miseria, n les va mucho mejor. Algunos han de cuidado, cuando salen de casa, para no pisar los lagos de pis y socas peores que llevan semanas flotando en la planta baja: el Ayuntamiento, propietario de muchos de estos bloques de renta antigua, no invierte en ellos desde hace décadas y deja que se caigan a pedazos. A otros les basta con sortear el enjambre de yonquis junto al mercado, pero bastante más peligrosa  es la desesperación. El pánico sordo que, por ejemplo, lleva a un padre de familia en la cincuentena, con dos hijos, a decirte:  “Sólo me queda llamar a la puerta de la cárcel para que me dejen entrar”.

Mientras alguna Europa llora a los sirios, no sería exagerado decir, tras un par de días vagando por aquí, que en Los Pajaritos malviven varios miles de refugiados protegidos, al menos, por techos dudosos. El franquismo les recostó aquí en los años 50. Unos venían de unas riadas, otros de la chabola, otros más llegaban del pueblo botijo en mano. Las dos docenas de bloques iban a ser provisionales hasta que a esta gente se le encontrara otro acomodo. Setenta años después, aquí siguen.

Los Pajaritos no tiene nada que no sea el olvido. Probablemente ni siquiera existe, más que para sí mismo.
Ivan asegura que no vende droga y nosotros queremos creerle, pero en 15 minutos se le acercan, en actitud dubitativa, unos cuantos chavales que él ahuyenta con un arcano agitar de cabeza. “yo hago lo que puedo. Vivo de pelar cabezas, a cinco euros el corte, aprendí solo… pero si un día no tengo para darle de comer a mi hijo de dos años y hay que vender, pues vendo …. Repele con la mirada a otro par de chavales, que vive en casa de su tía, “un piso de 30 metros enano…” ¿Podríamos verlo? “es que vas vestido como un poli, tio.Y si nos ve la peña me crucifican”. Tiene un juicio pendiente por okupar otro pisito en el barrio durante  tres meses, un apartamento abandonado. La lucha por la pobreza, la pelea rapaz por las sobras, es aquí el pan década día.”

“Los pajaritos se funda en 1956, explica Salvador Muñiz en la asociación de vecinos, y enfila un relato tan heroico como lo contrario: “Aquí llegó gente  que trabajaba en una fábrica de caballitos de cartón, otros que se quedaron sin casa al desbordarse un arroyo… En parte los tres barrios, Pajaritos, Candelaria y Madre de Dios (21000 personas hoy), proyectados por una cosa que se llama Real Patronato de casas Baratas eran provisionales. Y hasta hoy.

Salvador, lo más parecido al alcalde Pepe Isbert en el lugar, es ese personaje que redime y sublima un  barrio como Los Pajaritos  en un reportaje como éste. Mientras habla en su despacho, un cuartito forrado de vestigios sentimentales de lo que fue y ya no es, reparte comida a cuatro vecinos parados y sin ingresos, peleados con la vida. La reparte literalmente. Hay cuatro tupperwares en la mesa de oficina, y la grasa del guiso gotea sobre el plástico cuando echa a comida en los recipientes que ellos traen. No hay lamentos. Sólo hambre. Como la que tiene Bernardo: 43 años, ningún subsidio, algo de “vergüenza” y casi ni recuerdo de cuándo trabajó por última vez: “Yo tengo 14 años cotizados como encofrador, y otros nueve sin cotizar por culpa de una empresa…”

Comer es un vergo que hay que esforzarse  por conjugar por aquí, como explica Francis Jiménez, dela asociación Candelaria: “Empezamos a detectar que nos llegaban niños sin comer, y encima veían a otros merendar… Por suerte nos ayudó Cáritas. Desde que el Estado se ausentó –un banco catalán aporta casi el doble de recursos que la Junta de Andalucía a estas asociaciones-, la mayor parte de los vecinos decidió salirse del sistema, cuenta Francis: “Mucha gente, la mayoría, tiene la luz y el agua enganchados, no pagan porque no pueden. Muchos han vuelto a meter el abuelo en cas para tirar de su pensión. La gente se busca la vida como puede”. Él es quien presta bonobuses a los chavales para que vean mundo, y los lleva de turismo por el centro, y hasta llegó a comprar despertadores a algunas familias “para que los niños no tuvieran excusas para no ir al cole”. “Este fue durante muchos años un barrio obrero, trabajador, y muy batallador. Había una conciencia, un sentido de comunidad. Pero…” Pero los 80 trajeron cierta desindustrialización, y el galope de la droga hizo el resto. Todo comenzó, lentamente, a fenecer.

En uno de sus últimos coletazos, hace meses, los vecinos ocuparon durante unas horas, por la fuerza, la Unidad de Trabajo Social, última embajada del progreso aquí. El cartel que anuncia un centro de mayores de nueva construcción preside desde hace nueve años una parcela vacía. La mitad del barrio vive de ayudas. El paro supera el 45%. Ni siquiera la inmigración cabe en el relato, aunque una trabajadora social del centro le espeta  a este redactor, refiriéndose a ella, que en este barrio hay mucha morralla: muchos inmigrantes se fueron por donde habían venido, ahora no pasaremos del 15%, dice Salvador. Los pobres de Los pajaritos son, sobre todo, pobres españoles.

Un paseo por entre los bloques de la calle Perdiz recuerda vagamente al Líbano de los 80: techos hundidos, paredes desconchadas como árboles sin corteza, basura por demás. “Nosotros somos 13 en mi casa, en 36m2, dice Julia, gitana de 74 años. Hasta allí tiene que subir la mujer, a un cuarto sin ascensor. Algunos pagan aún 41 céntimos  de euro de renta, otros han generado un mercado negro vendiendo con escrituras pisos qe ni siquiera poseían, como sucedió por ejemplo en la Cañada Real.
Pero si queda alguna esperanza en Los Pajaritos, se llama Cristina. Todos quieren irse pero ella y sus 21 años acaban de llegar –mis padres ni lo saben, no lo aprobarían, pero el alquiler es baratísimo-. Viene del pueblo, de una pedanía, estudió Peluquería y hasta ahora hace cabeza en un local en el centro. Ganaba 550 euros al mes por 12 horas al día, pero lo acaba de dejar: se siente maltratada por su jefe: -un machista, el típico miarma de Sevilla. No está dispuesta a tragar. Yo tengo una dignidad. No he venido aquí a que me pisoteen. Quiero estudiar Trabajo social. 
Esta es otra vida, muy diferente a la que todos consideramos “normal”.

Montserrat A


THE NEIGHBORHOOD poorest SPAIN
Sometimes our life is enclosed in our own world thinking everything is equal for all and that our great misfortune for not being able to acquire a simplicity is the largest in the world but we do not think is ever that if we look back we find people with sufficient grounds to be concerned or complain about the misfortunes of life.

Quico Alsedo wrote an article on the poorest neighborhood Spain, built in the 50s as a temporary shelter for workers, this neighborhood is the birdies (Sevilla). His income amounts to 12,614 euros.
For children of birds, instead of eating steaks, bad feed with buns. They live almost in the center of Seville, a few hundred meters from the Sanchez Pizjuan stadium, but when they leave the neighborhood say, they are going to Seville.

The neighborhood association, only this state in a place where the other is the pyro, provides them with bus passes and organizes visits them, as if they were tourism, so the kids see what there is. His parents and dignities dusty, pale in misery, n fare much better. Some have care when they leave home, to avoid stepping lakes pee and worse socas that take weeks floating on the ground floor: the Town Hall, owner of many of these blocks of old income, not invest in them for decades and let it fall apart. Others enough for them to overcome the swarm of junkies with the market, but much more dangerous is despair. The dull panic, for example, leads to a parent in his fifties, with two children, to say: "I can only call the jail door to let me in."

While some Europe mourns the Syrians would not be an exaggeration to say, after a couple of days wandering around here in Los Pajaritos malviven several thousand protected, at least for doubtful ceilings refugees. Franco leaned them here in the 50 Some came from a flood, other shanty, others came from the village botijo ​​in hand. The two dozen blocks were to be provisional until these people will find other accommodation. Seventy years later, here they follow.
Los Pajaritos not have anything but forgotten. Probably it not even exists, rather than for himself.
Ivan says that does not sell drugs and we want to believe him, but in 15 minutes you are close, in hesitant attitude, a few kids he drives away with an arcane shake his head. "I do what I can. Live peeling heads, cut five euros, taught myself ... but if one day I have to feed my two year old and you have to sell, sell because .... Look repels another couple of kids, who lives in his aunt's house, "an apartment of 30 midget meters ..." Could we see it? "It is that you dressed as a cop, tio.Y if we see the rock crucify me." It has a pending trial for another pisito okupar in the neighborhood for three months, an abandoned apartment. The fight against poverty, the fight predatory leftovers, here is the bread decade day. "

"The birdies was founded in 1956, explains Salvador Muñiz in the neighborhood association, and lines up as heroic as the opposite story:" Here people came who worked in a factory cardboard horses, others were left homeless when overflowing one stream ... in part three neighborhoods, Pajaritos, Candelaria and Madre de Dios (21000 people today), designed by a thing called Royal Patronage of Cheap houses were provisional. And until today.
Salvador, the closest thing the mayor Pepe Isbert in place, is that character that redeems and sublimates a neighborhood like Los Pajaritos in a report like this. While speaking in his office, a small room lined with sentimental vestiges of what was and is no longer, distributes food to four unemployed without income neighbors, quarreling with life. The distributed literally. There are four tupperwares on the office table, and the fat drips onto the plastic stew when to check food containers they bring. No regrets. Only hunger. As having Bernardo: 43 years, no subsidy, some "shame" and almost can not remember when last worked: "I have 14 years of contributions as encofrador, and nine unlisted because of a business ..."

Eating is a vergo that combine efforts should be made here, as Francis Jimenez, dela Candelaria association explains: "We started to detect children we arrived without eating, and looked over other snack ... Luckily we helped Caritas. Since the state was absent-a Catalan bank provides almost twice the resources that the Andalusian these associations-, most of the residents decided to get out of your system, Francis: "Many people, most, has light and water hooked, do not pay because they can not. Many have returned to put in cas grandfather to pull your pension. People life looking as you can. " He is the one who provides bus passes the kids to see the world, and tourism brings down the middle, and even alarm clocks came to buy some families "so that children would not have excuses not to go to school". "This was for many years a worker, worker, and very feisty neighborhood. There was a consciousness, a sense of community. But ... "But the 80 brought some deindustrialization, and the gallop of the drug did the rest. It all began, slowly, to pass away.

In one of his last legs, months ago, neighbors occupied for a few hours, by force, the Social Work Unit, last embassy progress here. The poster announcing a center of new construction presides over nine years an empty plot. Half the neighborhood lives of aid. Unemployment exceeds 45%. Even the immigration fits into the story, although a social worker at the center blurts this writer, referring to it, that in this neighborhood there is a lot of trash: many immigrants were they had come, not now spend 15%, says Savior. The poor of the little birds are especially poor Spanish.
A walk through between street blocks vaguely reminiscent Lebanon Perdiz 80: sagging roofs, walls peeling bark like trees, trash others. "We are 13 in my home, 36m2, says Julia, Roma 74 years. There has to climb the woman, a room with no elevator. Some pay even 41 cents of income, others have generated a black market selling floors with scriptures QE even possessed, as happened for example in the Royal Gorge.

But if there is any hope in Los Pajaritos, it is called Cristina. Everyone wants to leave but she and her 21 years just arrived -my parents do not know, would not approve, but the rent is baratísimo-. It comes from the village, a hamlet, Hairdressing and studied until now makes a local head in the center. He is earning 550 euros a month for 12 hours a day, but I just left: it feels mistreated by her boss: -a macho, miarma typical of Seville. Not willing to swallow. I have a dignity. I did not come here to trample me. I want to study social work.
This is another life, very different from what we all consider "normal".


Montserrat A