martes, 23 de febrero de 2016

LAS VIUDAS DE HOY EN DÍA

Ya no son señoras vestidas de negro de pies a cabeza recluidas en casa. Ahora, las más de dos millones de españolas que han perdido a su marido viven su luto de una forma muy diferente y reivindican que su pensión no tribute cual salario. Y pocas vuelven a casarse.

Dos años de luto y seis meses de alivio “tiempo durante el que se deja progresivamente el negro” por la muerte del marido o del hijo. Un año de luto y seis meses de alivio por la muerte del padre o la madre. Seis meses de luto por abuelos o hermanos, y tres por tíos o primos hermanos. Así de negro “en términos de vestimenta” lo tenían las mujeres que enviudaban en España hasta los años 60 o 70 , un código no escrito que se transmitía de generación en generación. Durante este tiempo el día a día de las españolas se volvía igual de oscuro, ya que se les prohibía salir o hacer vida social. Después, lo más habitual era que nunca más volvieran a tener compañero sentimental. Pero hoy “ya nadie espera que una mejer joven que pierde a su marido se quede en casa y se vista de negro, aunque aún haya pueblos en Extremadura donde se hace”.

Actualmente existe en España  cerca de tres millones de viudos según cifras del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e igualdad, de los cuales casi el 75% son mujeres.
“Hoy, al cabo de un promedio de dos años aproximadamente, las mujeres que enviudan jóvenes en España ya han rehecho su vida Comienzan a salir por la noche, aunque al principio lo hagan con cierto sentimiento de culpa, y viven acorde a su edad”, explica la psicóloga Noelia Sancho. “La mayoría de ellas, a los tres o cuatro años, como media, ya han conocido a alguien. Esto no quita para que pasen duelos muy complicados, con más dolor incluso, dado que enviudar con menos de 50 años es algo inesperado, anacrónico, que te deja con muchos deseos incumplidos”, detalla. A menudo son las propias familias las que animan a que lo hagan, mientras que solo 20 años atrás “estaba peor visto, decidían que ya no iban a conocer a nadie más, y así era”.

 “Enviudé con 47 años. Ahora, después de lo que me ha tocado pasar, intento vivir con la mayor alegría posible. Me costó salir del hoyo, durante un año no escuchaba música, me regodeaba en mi dolor, me preguntaba por qué la gente reía e iba vestida de gris, explica Carmen Lomana.
“Ser feliz es cuestión de voluntad, hay que vivir con pasión. Existe un fondo de tristeza, por qué negarlo, me han pasado muchas cosas. Fui una viuda doliente, pero un día decidí que tenía que comenzar una nueva etapa. Por suerte las cosas han cambiado en España”, dice.

Juan López Doblas, profesor de sociología en la Universidad de Granada y estudioso del tema en España, lo constata: “Apenas hay estadísticas sobre el tema, pero en estos campos las tendencias tienen tanto o  más valor. Y estas nos dicen que la viudedad ha cambiado muchísimo, y actualmente la mujer tienen más recursos personales, está preparada profesionalmente y, aunque guarde respeto al fallecido toda la vida, puede rehacer la suya, especialmente en relación a la familia: antes quien enviudaba con 30 o 40 años no lo hacía, ni a nivel económico ni sentimental. Además, en ocasiones, casi siempre en los pueblos, se iban a vivir con la familia de él, lo cual no facilitaba las cosas”. Ana, que tenía 32 años cuando su marido falleció en 2003, recuerda que si sus amigos, para apoyarla, le decían que ya encontraría a alguien, le sonaba a insulto. “Te parece una traición y  piensas que estarás sola toda la vida”, cuenta, “pero hoy tengo pareja y puedo decir que soy feliz”, añade. “Es como si vivieras dos vidas, una que no has elegido, pero descubres los recursos que posees dentro de ti y sales adelante”, afirma.

Según un informe realizado por el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona en 2007, a más edad, menores son las probabilidades de segundas nupcias, regla que, por su puesto, tiene su aristocrática excepción.
El mencionado documento refleja que las viudas españolas prefieren relaciones  sin oficializar, y se lo piensan a la hora de volver a casarse: el ratio de segundas nupcias era con fecha del estudio de solo un 0,6% entre mujeres de 30 a 44 años, frente a un 2% de hombres. Firmado por Jeroen Spijker, el documento da pistas sobre las razones que pueden llevar a ello: “La emancipación sexual ha favorecido sobre todo a las mujeres. Las viudas ahora no solamente pueden tener nuevas relaciones, sino también ser más abiertas a un modelo de convivencia flexible, lo que permite continuar la vida como siempre y optimizar la integración familiar y las redes sociales mejor que cuando se comparte el hogar 24 horas al día”. Pero también abundan los casos de mujeres que no desean perder la pensión de viudedad es, algo que, establece la Seguridad Social, sucedería si vuelven a contraer matrimonio o forman una pareja de hecho, salvo excepciones.

Hoy en día ocho de cada 10 beneficiarios de una pensión de viudedad son mujeres, no solo porque tienden a sobrevivir a su pareja, sino porque ellos han cotizado y trabajado más tiempo. Los presupuestos Generales del Estado establecen un máximo de 733,80 euros mensuales, que reciben aquellos viudos con cargas familiares, y un mínimo de 480,30 euros, que cobran los menores de 60 años.

Si una viuda trabaja, la pensión tributa cual salario. Intentar que no sea así es una de las actuales reivindicaciones de CONFAV, que llevan a radio, televisión, y donde haga falta. Es posible que lo consigan. Tesón no les falta, y son uno de los colectivos más guerreros de España. De 1990 a 2011 han logrado varias subidas de las pensiones de viudedad y cuando hablan el Gobierno les escucha.  “Es la agrupación más grande de España de estas características, con 20.000 socias y 300 asociaciones y grupos adheridos”, explica Rosario García, presidenta de la federación madrileña. “Uno de nuestros asesores suele decir que cuando llegaba a las primeras reuniones, en los años 70, solo veía cabezas con el pelo negro, y ahora somos todas rubias”, explica entre risas. “Muchas rehacen su vida, claro que sí, aunque dependiendo de cómo haya sido su matrimonio anterior, puede que no les queden ganas, ¡claro!. Texto Eva Dallo.

Montserrat A