martes, 2 de febrero de 2016

HONDURAS: EL INFIERNO QUE VIVEN LAS SUS MUJERES

He estado trabajando y viviendo en varios países de
Sur América, Bogotá, Sao Paulo, Santiago de Chile, y he visitado otras tantas más. Fue una excelente experiencia donde aprendí muchísimo pero también donde me di cuenta de lo poco que vale la vida en algunos lugares y de los peligros que corren, por ello, os dejo este artículo que relata la realidad de un país que no merece tanta violencia.
Es el segundo país más peligroso del mundo y ellas se llevan la peor parte. Las bandas, el narcotráfico, la corrupción, la impunidad y las abultadas cifras de la violencia de género convierten la vida diaria de la mayoría de las hondureñas en una carrera por la supervivencia.

San Pedro Sula, la mayor ciudad de Honduras, tristemente conocida como la capital mundial de la violencia. Registra la tasa más alta de homicidios del mundo. Es el máximo exponente de un país donde la violencia se ha convertido en endémica. La tragedia es especialmente vivida por las mujeres de casi cualquier ámbito social. El narcotráfico, la guerra entre bandas juveniles, las tensiones políticas tras el golpe de 2009 y las disputas entre campesinos y terratenientes, mezclados con dosis de corrupción y una justicia insuficiente, han creado un cóctel de terror para sus ocho millones de habitantes.

Se trata del segundo Estado más peligroso del globo fuera de las zonas de guerra(solo superado por El Salvador): registra 103.9 homicidios por cada 100.000 habitantes. Dos bandas rivales se lo reparte, el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha. Nacieron en Estados Unidos en los años 80 y se trasladaron a Centroamérica tras la deportación de una parte de sus líderes. El asesinato, el secuestro, la extorsión o el tráfico de armas son sus señas de identidad.

Las jóvenes de las zonas afectadas son fácilmente captadas por los pandilleros: “Es complicado cuando una mujer llama la atención e un matón. La busca por las buenas o por las malas. Si ella no quiere andar con él porque ya tiene un novio, los matan”, explica Magda. “Hay  algunas que se involucran porque les gusta que la gente crea que tienen poder”.

Magda ha recibido amenazas. Le advirtieron de que tenían vigilados todos sus movimientos: “Pones en riesgo a tu familia, porque ya quedas señalada. Hacen un esquema de tus familiares, de cuánto tienes y dónde vas”, señala. Esa exposición es, en ocasiones, pública. Las casas de Rivera Hernández dan a estrechas callejuelas embarradas. Quienes viven allí saben autoridades. El 80% de la cocaína que va a Norteamérica pasa por Honduras, según el Departamento de Estado de EEUU. Ese tráfico supone alrededor del 13% del PIB del país. Los grandes narcos suelen habitar en el campo, mientras los pequeños traficantes campan a sus anchas por los barrios en busca de ganancias. “Las mujeres deben evitar que sus hijos se deslumbren por lo fácil, como matar a una persona y conseguir más dinero de lo que se pueda ganar en un mes”, reclama Magda. La falta de recursos es otra de las causas de la gran implantación del crimen organizado. El 63% de los hondureños se encuentra bajo el umbral de la pobreza y hay un 40% de subempleo.

La delincuencia se ceba con los más jóvenes, dice Esmy Lemus, empleada de una funeraria que asegura que la mayoría de los muertos tienen de 15 a 18 años. Fabiola no solo ha vivido la violencia, también la ejerció. Es una treintañera de ojos penetrantes y voz dulce: “he asaltado a personas y he robado en tiendas”, admite. Lo hizo como miembro del Barrio 18. Entró tras haberse ido de casa por problemas con su madre. En la calle conoció al padre de su hija mayor. Era pandillero. “vi cómo mataban y cómo se golpeaban, entre ellos y a las mujeres”, recuerda, y explica la forma en que se ceban con las jóvenes: “las chicas son las mulas, las que meten y sacan droga. Cuando ellos quieren te golpean. Aparte de su pistola, somos el arma más fácil que tienen”.

El asesinato de su pareja la  alejó de las calles. Ahora regenta una microempresa apoyada por los programas estatales de reinserción. Hace figuras con cordones de lana. Muchos días vuelve a casa sin dinero, cuando antes ganaba pequeñas fortunas con los asaltos: “Era adictivo, algo que te acaba gustando. Parece que todo el mundo gira alrededor de uno”. Apunta a las autoridades como el mayor obstáculo para acabar con la violencia: “Están enfermas. ¿Cuántos policías violan a las mujeres? Yo viví en la calle y sé lo que hacen. ¿cuántos piden impuestos de guerra? Para empezar a curar afuera tenemos que curar adentro. No es fácil”.

La policía es acusada de corrupción e incluso se han denunciado escuadrones de la muerte. Ha habido varios intentos de purgar el cuerpo: “si  algún agente anda mal tiene que pagar por ello. Ahora sí se está haciendo eso”, desvela Modesta Torres, policía en San Pedro Sula, “hay que confiar en el cuerpo porque  no todos somos iguales. Algunos andan en malas cosas pero otros hacemos bien el trabajo”.
La policía Militar ayuda a la ordinaria a mantener el orden desde 2013. Ambos cuerpos parecen vigilarse. La profesión de Modesta es una de las más duras: “No me da miedo que el delincuente crea que yo soy más débil y venga a por mí. Hay que hacerse respetar”. Muchos hondureños señalan la rampante impunidad del país como una de las causas de la violencia. No tiene nada que ver con la policía, según Modesta: “ Los jueces deberían aplicar lo que corresponde al delincuente. A veces salen en 24 horas”.

Honduras no fue siempre un país peligroso. Los crímenes se han incrementado en la última década. “La causa son razones de tipo social. La pobreza es alarmante. Y además ha aumentado por la percepción ciudadana de la corrupción en altos funcionarios del Estado”, explica Mayra. Ella ha vivido la violencia de cerca. Dos hombres armados entraron en su domicilio el pasado noviembre. Estaba trabajando. Encerraron a sus hijos y apuntaron con una pistola a su empleada doméstica, que tenía a su otro vástago en brazos: “quieren amedrentarme porque saben lo vulnerable que soy: mujer y juez”. La impunidad se manifiesta especialmente en crímenes contra mujeres. Más del 90%  no se resuelve. La violencia de género ha crecido de forma espectacular en la última década, de 2005 a 2013 el número de asesinatos de mujeres se incrementó un 263.4%. En 2014 fueron asesinadas 531, la mayoría entre 15 y 24 años. El dato es mejor que el año anterior, cuando se produjeron 636 muertes, pero queda mucho por hacer.

“la violencia de género es muy común, el hombre grita y nos pega”, indica Blanca Lidia Aguilar. Su marido era un maltratador, las palizas eran habituales y la violó en repetidas ocasiones. Incluso llegó a dispararle con un fusil de asalto. “Él es el hombre y tú su esposa, y tienes que hacer lo que diga porque se casó par que fuese sus sirvienta”, critica. Se libró de su marido cuando él asesino a un hombre. No fue encarcelado, pero se marchó con otra mujer. “Esta no se dejó”, apunta Blanca, “a la primera que le hizo lo mandó matar con sicario”.
El 27% de las hondureñas afirma haber sufrido violencia física: “Cada año que pasa el nivel de crueldad es mayor, hay más mujeres mutiladas o torturadas”, se lamenta María Luisa Regado, coordinadora de la ONG feminista Codemuh. El Estado ha aprobado varias leyes para paliar la violencia de género y las violaciones, otro de los grandes problemas. No parecen ser suficientes: “Las mujeres pueden ser violadas por los mismos compañeros, los novios, los vecinos, incluso sus padres o hermanos, pero la mayoría de las veces no lo denuncian por miedo”, señala la activista. “En muchas ocasiones estás amenazada. Si lo dices  te mato, o a tu madre o a tu padre, te dicen”, añade. Las feministas denuncian un retraso social generalizado: “En el Congreso hubo una moción para prohibir a las diputadas que fueran con pantalones pitillo, minifaldas o escotes”, recuerda maría. También reclama el derecho al aborto, “no está permitido”, explica, “ni para casos de violación a menores”.
La discriminación laboral de la mujer es severa. Yanina Romero es periodista y ha denunciado las condiciones de trabajo de las maquilas locales. Los reporteros de investigación hondureños son definidos como “periodistas especiales”. Ella es partea de ese grupo. Ha recibido amenazas por parte de un anónimo autodenominado como antifeminista y ha tomado medidas de seguridad. “Existe una criminalización de la libertad de expresión y de los defensores de los Derechos Humanos. No solo por parte del Estado, sino también de la empresa privada”, dice. Hasta 51 periodistas han sido asesinados en el país desde 2003. Los homicidios se incrementaron tras el golpe de 2009. Se trata de una profesión de alto riesgo y el resultado de ello es la autocensura.

“la violencia se genera por los altos niveles de corrupción que ha habido en los últimos 30 años. Honduras no es una democracia”, denuncia Romero. La inseguridad resulta tal que afecta a la forma de vida de la mayoría de los ciudadanos: “Los jóvenes ya no tienen derecho a divertirse. Les dicen que no pueden ir a la discoteca porque es peligroso. Hemos perdido la sensibilidad. Aquí te matan para robarte una grabadora”.

Yanina ha pensado en irse del país, pero se resiste: “Todos queremos salir de Honduras y regresar a una nación con justicia verdadera. Yo quiero que cambie, no huir”. Miles de hondureños se ven obligados a emigrar. Las carreteras y trenes que llevan al norte son su vía de escape hacia un futuro complicado, pero también hacia la esperanza. Artículo escrito por Hector Estepa yodona.
Montserrat A



Honduras: Hell that women are living
I have been working and living in several countries in South America, Bogota, Sao Paulo, Santiago de Chile, and I have visited so many more. It was a great experience where I learned a lot but when I realized how little it's life in some places and the dangers, therefore I leave this article relates the reality of a country that does not deserve so much violence.

It is the second most dangerous country in the world including the brunt. Gangs, drug trafficking, corruption, impunity and bulky figures gender violence make daily life of most Honduran in a race for survival.

San Pedro Sula, Honduras's largest city, notorious as the world capital of violence. Has the highest homicide rate in the world. It is the best example of a country where violence has become endemic. The tragedy is particularly experienced by women of almost any social level. Drug trafficking, war between gangs, political tensions after the 2009 coup and disputes between peasants and landowners, mixed with doses of corruption and insufficient justice, have created a cocktail of terror for its eight million inhabitants.
It is the second most dangerous of the world outside war zones (only surpassed by El Salvador) State: 103.9 recorded homicides per 100,000 inhabitants. Two rival gangs divided it, the Barrio 18 and Mara Salvatrucha. They were born in America in the 80s and moved to Central America after the deportation of some of their leaders. The murder, kidnapping, extortion and arms trafficking are its hallmarks.

The young people of the affected areas are easily captured by the gang: "It's complicated when a woman striking and a bully. The search by hook or by crook. If she will not go with him because he already has a boyfriend, kill them, "Magda said. "There are some who get involved because they like people to believe they have power."

Magda has received threats. They warned that they had watched his every move: "You put your family at risk, because you stay indicated. Make a diagram of your family, how much you have and where you're going, "he says. This exhibition is sometimes public. Rivera Hernandez houses overlook narrow muddy streets. Those who live there know authorities. 80% of the cocaine that goes to America passes through Honduras, according to the US State Department. That traffic accounts for around 13% of GDP. Large narcos often live in the country, while the dealers roam the neighborhoods in search of profits. "Women should keep their children dazzle so easy as killing a person and get more money than they can earn in a month," Magda claims. Lack of resources is another cause of the large presence of organized crime. 63% of Hondurans are under the poverty line and there is a 40% underemployment.

Crime is primed with younger, says Esmy Lemus, an employee of a funeral home that says most of the dead are 15 to 18 years. Fabiola has not only experienced violence, also exerted. Is a thirty piercing eyes and sweet voice: "I have assaulted people and I stole in shops," he admits. He did as a member of Barrio 18. Entered after having left home because of problems with his mother. On the street he met the father of her eldest daughter. It was a gang member. "I saw how they killed and how, between them and women are beaten," he recalls, explaining how they are baited with young "girls are the mules, which put and take drugs. When they want to beat you. Apart from his gun, we are the easiest weapon they have. "

The murder of his partner away from the streets. Now runs a small business supported by state reintegration programs. Figures made of wool lace. Many days returns home penniless, when used to earn small fortunes with assaults: "It was addictive, something that just liking you. It seems that the whole world revolves around one. " It points to the authorities as the biggest obstacle to ending the violence: "They are sick. How many police rape women? I lived on the street and know what they do. They ask how many war taxes? To start out we need to heal heal inside. Is not easy".
Police are accused of corruption and even denounced death squads. There have been several attempts to purge the body, "is wrong if an agent has to pay for it. Now we are doing that, "reveals Modesta Torres, police in San Pedro Sula," we must rely on the body because we are not all equal. Some walk in bad things but others do the job well. "
Military Police helps ordinary to maintain order since 2013. Both bodies seem monitored. Modesta profession is one of the toughest: "I'm not afraid that the offender think I'm weaker and come after me. Must be respected. " Many Hondurans say the rampant impunity in the country as one of the causes of violence. It has nothing to do with the police, according to Modest: "Judges should be applied which corresponds to the offender. Sometimes they leave within 24 hours. "

Honduras was not always a dangerous country. The crimes have increased in the last decade. "The causes are social reasons. Poverty is alarming. And has increased the public perception of corruption in high state officials, "Mayra says. She has lived violence closely. Two armed men entered his home last November. I was working. They locked their children and pointed a gun at her maid, who was in another shaft in arms: "want to frighten me because they know how vulnerable I am: woman and judge." Impunity is especially evident in crimes against women. More than 90% is not resolved. Gender violence has grown dramatically in the last decade, from 2005 to 2013, the number of murders of women with a 263.4% increase. In 2014 531 were killed, most between 15 and 24 years. The figure is better than the previous year, when 636 deaths occurred, but much remains to be done.
"Violence against women is common, the man screams and beats us," said Blanca Lidia Aguilar. Her husband was an abuser, beatings were common and raped her repeatedly. He even shooting with an assault rifle. "He is the man and his wife you, and you must do what I say because it was his servant couple married" criticizes. He escaped murderer her husband when he a man. He was not imprisoned, but he left with another woman. "This is not allowed," said White, "the first that made him kill hitman sent him."

27% of the Honduran claims to have suffered physical violence, "With each passing year the level of cruelty is greater, more women mutilated or tortured," laments Maria Luisa watering, coordinator of feminist NGOs CODEMUH. The government has passed several laws to alleviate gender-based violence and rape, another major problems. Are not enough: "Women can be raped by the same classmates, boyfriends, neighbors, even your parents or siblings, but most often do not report it out of fear," said the activist. "Many times you are threatened. If you say I'll kill you, or your mother or your father tell you, "he adds. Feminists denounce widespread social backwardness: "In Congress there was a motion to prohibit the deputies to go with skinny jeans, skirts or necklines" recalls Mary. It also claims the right to abortion, "is not allowed," he explains, "and in cases of rape of minors."

Employment discrimination of women is severe. Yanina Romero is a journalist and has denounced the working conditions of local maquilas. Honduran reporters investigation are defined as "special journalists." She is partea that group. He has received threats from an anonymous self-described as anti-feminist and has taken security measures. "There is a criminalization of freedom of expression and human rights defenders. Not only by the State but also of private enterprise, "he says. Up to 51 journalists have been killed in the country since 2003. The killings increased after the coup of 2009. It is a high-risk profession and the result is self-censorship.

"Violence is generated by high levels of corruption that have occurred in the last 30 years. Honduras is not a democracy, "complains Romero. The insecurity is such that it affects the way of life of most citizens: "Young people no longer have the right to have fun. They say they can not go to the disco because it is dangerous. We have lost feeling. Here you kill to steal a tape recorder. "

Yanina thought of leaving the country, but resists: "We all want to leave Honduras and return to a nation with true justice. I want to change and not flee. " Thousands of Hondurans are forced to emigrate. Roads and trains run north are your escape to a difficult future, but also to hope. Article written by Hector Estepa Yodona.


Montserrat A