lunes, 10 de agosto de 2015

CIEN AÑOS DE JUVENTUD. LO QUE PUEDEN ENSEÑARNOS LOS MÁS ANCIANOS

Acabo de leer un libro escrito por Deepak Chopra llamado cuerpos sin edad, mentes sin tiempo. Seguro que muchos de vosotros ya lo habéis leído pero de todo el libro, que es muy interesante, hay un capitulo que me llamo la atención y que creo que nos podría ayudar a todos aquellos que todavía no lo han leído.
Habla de la longevidad y de las posibles causas por las cuales algunas personas llegan a ella. Yo por ejemplo puedo decir que mis abuelos por parte de padre llegaron a los 98 años , con una vida normal, comiendo de todo, sin estress, y habiendo tenido una niñez y juventud casi inexistentes debido a la situación política y social del país en aquellos años.

Por ese motivo, lo voy a copiar aquí para que lo leáis y lleguéis a vuestras propias conclusiones. Fuente: Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo. Escrito por Deepak Chopra. Ed. Zeta (libro de bolsillo)

Muy pocos conocen a alguien que tenga 100 años. Históricamente, llegar a cumplir los 100 era una hazaña tan rara que resultaba casi un fenómeno. Una investigación efectuada en la época victoriana en el linaje de aristócratas británicos, presumiblemente los miembros mejor alimentados y atendidos de su sociedad, no logró desenterrar a un solo par del reino en los diez siglos precedentes que hubieran llegado a centenarios. El primero fue lord Penrhyn, quien murió en 1967 a los 101 de edad. Hoy en día, en casi todos los países industrializados, de cada diez mil personas hay una que cruza la marca del siglo, y esa proporción se está elevando a mayor celeridad que ninguna otra estadística de crecimiento de la población.
Las personas más ancianas de la actualidad no tienden a ser meros sobrevivientes del azar, sino individuos que encarnan actitudes y valores envidiables. Los sociólogos que estudian a los centenarios no dejan de asombrarse por su fuerte apego a la libertad y la independencia. Durante toda la vida, los centenarios tienden a evitar las restricciones. Tradicionalmente, la mayoría trabaja por cuenta propia; muy pocos, entre los límites de las empresas modernas. Ellos ponen un precio muy alto a la autonomía.
Como dije anteriormente, la palabra que los investigadores aplican a los centenarios con mayor frecuencia es “adaptable”. En determinada altura de la vida, todos ellos han sufrido pérdidas y reveses. Pero, después de llorar la pérdida más grave, como la del cónyuge tras cincuenta o sesenta años de matrimonio, esas personas siguieron adelante. Estudiados en grupo, los centenarios tienen otras similitudes significativas. En su interesante libro sobre la longevidad, Prolongevity II, Albert Rosenfeld hace un informe sobre entrevistas realizadas a 1200 personas  dependientes del subsidio social que dijeron tener 100 años o más. “Era evidente que, aunque estos individuos trabajaban mucho y disfrutaban del trabajo, había entre ellos una notable falta de grandes ambiciones. La tendencia había sido  a llevar una vida relativamente tranquila e independiente; en general, estaban contentos con el trabajo, la familia y la religión, y tenían poco de que arrepentirse. Casi todos expresaban un fuerte deseo de vivir y una gran apreciación por las experiencias y los placeres simples de la vida.”
Si envejecer fuera, simplemente, una cuestión de desgaste, cabría esperar que todos los centenarios tuvieran mala salud, atrapados en cuerpos con muchas partes deterioradas. En realidad, entre nuestros centenarios hay buenos niveles de salud; menos de uno entre cinco informan estar incapacitados o tan enfermos que requieran ayuda para comer, caminar, bañarse, etc… en su mayoría, aún se mueven sin ayuda  y muchos continúan trabajando, al menos en las tareas domésticas  y en el cuidado personal.
Tratar  de articular una “personalidad longeva” específica es demasiado constrictivo para los centenarios; el abuelo benigno, tranquilo y sabio es sólo un tipo entre muchos. También llegan a los 100, personas egoístas, sarcásticas y antisociales. La hebra común es un sentido de la autosuficiencia mucho más profundo que la personalidad. En apoyo de este punto, un estudio realizado en 1973  en la ciudad de Nueva York entre 79 personas saludables mayores de 87 años, descubrió que casi nunca iban al médico, no se les encontraba en hogares para enfermos y rara vez en instituciones geriátricas. El doctor Stephen P. Jewett, psiquiatra que dirigió el estudio de Nueva York, dejó en claro que sus sujetos no eran simples sobrevivientes por azar o afortunados receptores de buenos genes.
Sin duda, las 79 personas estudiadas habían escapado a enfermedades catastróficas, tales como el ataque cardiaco y el cáncer en el crítico periodo medio entre los 45 y los 65 años (es entonces cuando tienden a cobrar el mayor diezmo los malos genes, la hipertensión, el colesterol elevado, el hábito de fumar, el alcoholismo y otros factores negativos). Pero los sujetos de jewett se las componían para seguir sanos ya avanzad la octava y la novena década de vida; eso indicaba que algunos poderosos factores positivos obraban en su favor.
El estudio de Jewett consideraba la longevidad en términos amplios; la mayoría de los factores que halló fueron de tipo subjetivo, relacionados con lo que estas personas pensaban de sí mismas. Por comparación, los factores puramente objetivos vinculdos con la vida larga eran pocos y muy generales.

Características físicas
·        Ni obesidad ni delgadez excesivas.
·        Poca fluctuación de peso a lo largo de la vida
·        Buen tono muscular general
·        Fuerza en las manos
·        Piel de aspecto jove
·        Aún conduce automóviles y practica actividades físicas.

Características psicológicas ( incluyendo estilo de vida y conducta)
Ø  Inteligencia natural superior, marcado interés por los hechos de actualidad, buena memoria.
Ø  Libres de ansiedades, pocas enfermedades, no son propensos a preocuparse.
Ø  Independencia al elegir la vocación. Tendían a trabajar de modo autónomo. Trabajaban en agricultura y crianza de plantas y en las profesiones de abogacía, medicina y arquitectura; otros tenían pequeñas empresas propias y, en unos pocos casos, grandes empresas. En su mayoría tardaron en jubilarse.
Ø  Casi todos habían sido duramente afectados por la Depresión, que se produjo cuando ellos eran quincuagenarios o sexagenarios, pero se recobraron y edificaron un nuevo futuro.
Ø  Disfrutaban de la vida. Todos mostraban un grado de optimismo y un marcado sentido del humor. Respondían a los placeres sencillos. La vida parece haber sido par ellos una gran aventura. Eran capaces de ver belleza donde otros sólo veían fealdad.
Ø  Gran capacidad. Aunque muchos atesoraban los recuerdos de la infancia, todos preferían vivir en el presente, con sus muchos cambios.
Ø  No les preocupaba la muerte.
Ø  Continuaban viviendo con satisfacción día a día.
Ø  A todos se los podría describir como religiosos en un sentido amplio, pero ninguno exhibía una ortodoxia extrema.
Ø  Eran moderados en el comer, pero estaban dispuestos a experimentar. No seguían dietas especiales. Su dieta incluía una gran variedad de alimentos altos en proteínas y bajos en grasa.
Ø  Todos se levantaban temprano. El promedio de descanso era entre seis y siete horas, pero pasaban ocho en la cama. ( el sueño abreviado o interrumpido es típico de la ancianidad).
Ø  No había uniformidad en cuanto a la bebida. Algunos bebían moderadamente, otros se excedían en ocasiones y otros eran abstemios.
Ø  Fumar: algunos se abstenían, unos cuantos habían fumado muy moderadamente, pero llevaban mucho tiempo sin hacerlo, y otros eran inveterados fumadores de pipa.
Ø  Medicamentos: habían utilizado menos en toda su vida que muchos ancianos en una sola semana.
Ø  La mayoría bebía café.

Y aquí se termina esta primera parte del capítulo que me ha parecido tan interesante pues creo que nos puede hacer pensar en si tanta restricción, tanto mirar por lo sano y biológico será lo más adecuado o no. Al final y la conclusión a la que llego es que para todo en la vida hay que utilizar el sentido común y no dejarnos llevar por extremos o perfecciones que suelen ser espejismo y no realidades.
En cualquier caso, creo que tenéis materia de sobra para darles un par de vueltas y tomar vuestras propias decisiones de lo que es mejor o peor para nuestra salud.

Montserrat A