sábado, 7 de marzo de 2015

LOS HILOS QUE ABRAZAN A PARAGUAY

ÑANDUTI
En innumerables calles de la ciudad de itaguá hay tiendas dedicadas a la venta de ñandutí, un tipo de encaje gestado tras un  laborioso trabajo manual. Las mujeres son quienes mantienen esta tradición centenaria, motivo de identidad y orgullo nacional.

La leyenda guaraní cuenta que una mujer morena, llamada Samimbi, era pretendida por dos bravos guerreros: Jasyñemoñare y Ñanduguasu. Una noche, cuando el primero suplicaba al cielo que lo ayudara a conquistar a la dama, vio en lo alto de un árbol un encaje plateado, nítido a la luz de l una: el regalo perfecto para ganarse a Samimbi. Pero pasaba  por ahí Ñanduguasu, quien  en un ataque de celos mató con una flecha a su contenedor.

El agresor trepó al árbol en busca del encaje, pero al tocarlo solo quedaron hebras de una hermosa telaraña. El remordimiento lo persiguió por mesas hasta que, un día, su madre logró sacarle el temido secreto.
La mujer pidió entonces a su hijo que la llevase hasta el árbol; al llegar vieron con sorpresa que en ese mismo  sitio se encontraba un tejido idéntico al anterior.  La mujer, queriendo consolar a su hijo quien desde la muerte de Jasyñemoñare vagaba sin rumbo por el campo, decidió regalarle un tejido igual al de aquel árbol. Para esto, la anciana estudió con mucha atención la ida y venida de las arañas mientras hilaban. Tomó sus agujas y, utilizando como hilo su cabello blanco, copió los círculos y rectas que dibujaban las arañas. Con ese regalo, logró sacar a su hijo de la tristeza y el remordimiento.

Esta es la leyenda que cuentan en Itaguá, la capital del ñandutí, en el departamento central del Paraguay. Allí, en cada calle, hay tiendas dedicadas a este tipo de encaje. “Todas las tejedoras somos artistas por naturaleza, por más analfabetas que seamos. Un trabajo puede durar meses enteros”, comenta Eliodora Ramos de Martínez, tejedora y autora de varios libros sobre el ñandutí.

Ña chiquita, como le llaman cariñosamente, teje sin parar en su casa mientras cuenta cómo pretende documentar y recuperar dechados –puntadas- antiguos. “Me gusta trabajar sin apuros, con medidas exactas y diseños trazados en el bastidor”, comenta. Su gran innovación ha sido tratar el ñandutí como una obra de arte y hacerlo parte de cuadros populares entre turistas y estudiosos japoneses. La mujer teje desde cuando, a los siete años, lo hacía en las tardes de tereré –una especie de mate-, junto con su abuela y sus tías. “Mi mamá vendía y , con lo que ganaba, me compraba muñecas”, comenta.

“Antes, todo el tejido estaba destinado para adornar las iglesias con mantelería y ropas para los santos. Después, se comenzaron a tejer manteles para las casas, servilletas y apliques para las damas”, relata la artesana.
Ña chiquita es parte del grupo de mujeres de Tekojoja –liderado por las hermanas del buen Pastor en Itaguá, quienes se han lanzado a experimentar nuevas posibilidades con el ñandutí. Partieron del exuberante paisaje selvático, de las formas de las hojas, los volúmenes y colores de las flores y lograron una colección de inspiración botánica que le dio un nuevo aire a eta técnica ancestral.

Una versión eurocéntrica de la historia sostiene que el ñandutí vino de España en tiempos de la colonia. Allí es llamado encaje canario o encaje bordado de Tenerife. Se dice que los jesuitas llevaron la técnica a los países que evangelizaron.
Existen documentos donde consta que nueve jesuitas canarios vinieron a las misiones del Paraguay. En esa época, hombres y mujeres hacían ñandutí como pasatiempo en las largas travesías y para adornar las iglesias de la época.
Más adelante, tras la independencia de Paraguay, hubo una fuerte corriente nacionalista donde el objetivo era lograr el autoabastecimiento de todos los insumos con recursos del país, sin depender de Europa. Fue esta la época dorada del ñandutí, pues este no solo reemplazó, sino que superó los encajes que llegaban de Inglaterra, Bélgica y España.
 
El Ñandutí se teje en bastidores generalmente redondos  aunque también funciona con cuadrados. Con la revolución industrial y la decadencia del trabajo hecho a mano en Europa, los encajes dejaron de ser prioritarios. Por fortuna, el ñandutí  continuó en América Latina, particularmente en Paraguay. Allí, constituye la base de la artesanía tradicional, un orgullo nacional y el sello de identidad de un país pequeño y, para muchos en el mundo, desconocido.

Montserrat A


EMBRACING THE WIRES TO PARAGUAY
In countless city streets Itaguá shops dedicated to selling ñandutí, a type of lace gestated after a laborious manual work. Women are those who maintain this old tradition, reason for identity and national pride.

The Guarani legend says that a brunette woman named Samimbi, was proposed by two brave warriors: Jasyñemoñare and Ñanduguasu. One night, when the first begged the sky to help him win the lady was on top of a tree a, clear light of l one silver lace: the perfect gift to win Samimbi. But Ñanduguasu passerby, who in a fit of jealousy killed with an arrow to its container.

The assailant climbed the tree in search of the reserve, but only touch it were strands of a beautiful web. Remorse tables chased him until, one day, his mother managed to get the dreaded secret.
The woman then asked her son to take her to the tree; upon arrival they were surprised at that same place the previous identical tissue was. The woman, wanting to comfort his son, who since the death of Jasyñemoñare wandered aimlessly around the field, decided to give an amount equal to that tree tissue. For this, the old woman carefully studied the coming and going of spiders while they spun. He took his needle and thread using as his white hair, he copied circles and lines that drew spiders. With that gift, managed to get his son out of sorrow and remorse.

This is the legend that count in Itaguá, the capital of ñandutí, in the central department of Paraguay. There, in every street, there are shops dedicated to this type of lace. "All weavers are artists by nature, more illiterate than we are. A job can last for months, "says Eliodora Ramos Martinez, weaver and author of several books on ñandutí.

Na tiny, as he is fondly called, weaves endlessly at home while counting how seeks to document and retrieve old -puntadas- samplers. "I like working without haste, with accurate and designs drawn on the frame measures" he says. His great innovation has been treating ñandutí as a work of art and make it part of popular pictures with tourists and Japanese scholars. Woman weaves since when, at age seven, he did in the evenings tereré -a kind of material, along with his grandmother and aunts. "My mom was selling and what he earned, he bought me dolls," he says.

"Before, all tissue was destined to adorn churches with linens and clothes for the saints. Then began to weave tablecloths for homes, napkins and sconces for the ladies, "says the artisan.
Na tiny part of the group of women Tekojoja -led by the Sisters of the Good Shepherd in Itaguá, who have taken to try new things with ñandutí. They left the lush jungle landscape, leaf shapes, volumes and colors of the flowers and achieved a collection of botanical inspiration that gave new life to old technique eta.

A Eurocentric version of history holds that ñandutí came from Spain in colonial times. That's called canary lace or embroidery lace Tenerife. It is said that the Jesuits brought the technique to countries evangelized.
There are documents which state that nine canaries Jesuits came to the missions of Paraguay. At that time, men and women did ñandutí as a hobby in the long voyages and decorate the churches of the time.
Later, after the independence of Paraguay, there was a strong nationalist current where the goal was to achieve self-sufficiency in all inputs country's resources without relying on Europe. This was the golden age of ñandutí, as this not only replaced, but exceeded lace arriving from England, Belgium and Spain.

The Ñandutí generally round woven into racks but also works with squares. With the industrial revolution and the decline of handwork in Europe, lace ceased to be a priority. Fortunately, the ñandutí continued in Latin America, particularly in Paraguay. There, forms the basis of traditional crafts, national pride and the hallmark of a small country, and for many in the world, unknown.


Montserrat A