jueves, 26 de febrero de 2015

NIKI DE SAINT PHALEE: VOLUPTUOSIDAD FRENTE A LA LINEA RECTA

NIKI
Kurt Schwitters decía que todo lo que escupe un artista es arte. El fundador de la escuela dadaísta de Hannover creía que cualquier cosa escrita, pintada o esculpida consistía en una celebración libre de la mente humana. Lo que seguramente no sospechara es que, décadas después de dejar la ciudad alemana donde nació, una mujer erigida como “heroína inmortal de una generación” llevaría sus postulados a la orilla del río Leine, donde tantas veces  se imaginó enhebrando anti poemas.

La mujer en cuestión era Niki de Saint Phalle. Un “mito que supo esquivar el papel que por tradición le había sido atribuido y realizarse plenamente en su arte”, según Uta Grosenick en Mujeres artistas de los siglos XX y XXI, de la editorial Taschen. Esta  francesa, nacida  en 1930 cerca de parís, tuvo una vida que desbarató los moldes de la época de la misma manera en que sus esculturas, en forma de voluptuosas mujeres llamadas Nanas, desvirtúan ahora la realidad de esta lineal urbe de poco más de medio millón de habitantes con su evocación a la maternidad y a la fortaleza y atracción sexual femeninas.

Hija de banqueros, Niki de Sint Phalle renunció a lo que se esperaba de una vida acomodada y se escapó de su casa a los 18 años después de soportar, supuestamente, que su padre abusara de ella. Se casó y vivió en varios países ejerciendo de modelo para publicaciones como Time, Elle o la edición francesa de Vogue.  A los 20 años tuvo una hija, y a los 24 otro hijo. Una crisis nerviosa hizo que se refugiara en la pintura para superar los desvaríos mentales. Abandonó a su marido y comenzó a enfrentarse a sus propios fantasmas con el yeso como arma liberadora: sus creaciones consistían en reciclar objetos encontrados y arrojarles pintura al azar. “Disparaba a los hombres, a la sociedad, a la injusticia y a mí misma… Era del todo adicta  a ese macabro, pero delicioso, ritual”

Llamó a sus trabajos “tirs” ( disparos , en francés). Cada obra que acometía era un escupitajo contra sus miedos. Pero estos temores estaban compuestos de un material tan pesado como la escayola. Y eran difíciles de transportar y tan  arcaicos como el orden establecido contra el que pretendía revelarse. Así que se armó de cables, papel maché o poliéster y , basada en el embarazo de una amiga, empezó a retratar estas volátiles y voluminosas esculturas.
“Las monstruosas, pero encantadoras, Nanas de Niki también giran en torno a imágenes fantasmales. Estas gigantes y burlescas diosas de la fertilidad se despliegan entre la imaginación infantil y las fantasías masculinas”, describen en el recopilatorio El Arte del siglo XX, de Taschen.

Niki tuvo que ser trasladada a Suiza por problemas respiratorios debido a los componentes  tóxicos de los materiales que utilizaba. Sus paseos por los paisajes alpinos le llevaron a maginar un parque lleno de esculturas, “un lugar donde soñar, un jardín de magia y fantasía”.

Esa ilusión se plasmó en una finca de la Toscana que le cedieron unos amigos. La llamó El jardín del Tarot y consistía en un inmenso parque con 22 esculturas de metal, cemento y mosaicos a base de espejos o cerámicas que simbolizaban las cartas del tarot. La más grande, una esfinge que representa a la emperatriz, le sirvió de morada durante los diez años que tardó en construir este edén particular. El pecho izquierdo era su dormitorio.”Hace veinte años abandoné a mis hijos por el arte. Aquí , yo misma he vivido dentro de un cuerpo materno y durante este tiempo me he vuelto a acercar a ellos”, apuntó.

Montserrat A


NIKI DE SAINT PHALLE: VOLUPTUOUSNESS OFF THE STRAIGHT.
Kurt Schwitters said that everything an artist spits is art. The founder of the Dadaist School Hannover believed that any written, painted or sculpted thing consisted of a free celebration of the human mind. What you probably did not suspect is that, decades after leaving the German city where he was born, a woman erected as "immortal heroine of a generation" take their assumptions on the banks of the River Leine, where so often imagined threading anti poems.

The woman in question was Niki de Saint Phalle. A "myth that knew dodge the role that traditionally it had been allocated and fully realized in his art," said Uta Grosenick in Women artists of the twentieth and twenty-first centuries, by Taschen. This French, born in 1930 near Paris, had a life that disrupted the molds of the time in the same way his sculptures in the form of voluptuous women called Nanas, distort now the reality of this linear city in just over half million inhabitants with its evocation of motherhood and female strength and sexiness.

Daughter of bankers, Sint Phalle Niki gave up what was expected of a comfortable life and ran away from home at age 18 after enduring supposedly his father abuse her. He married and lived in several countries exerting a model for such publications as Time, Elle or French Vogue. At age 20 she had a daughter, and 24 other son. A breakdown made to take refuge in the paint to overcome mental ravings. She left her husband and began to confront his own demons with gypsum as a liberating weapon: his creations consisted of recycled found objects and throwing paint at random. "He shot the men, society, injustice and myself ... It was totally addicted to this macabre, but delicious, ritual"

He called his work "tirs" (FPS, in French). Each work was rushing spit against their fears. But these fears were composed of as heavy as the cast material. And they were difficult to transport and as archaic as the established order against which aimed revealed. So he armed himself with cables, paper mache or polyester based on the pregnancy of a friend, she began to portray these volatile and bulky sculptures.
"The monstrous, but charming, Nanas of Niki also revolve around ghostly images. These giants and burlesque fertility goddesses unfold between childhood imagination and male fantasies ", described in the compilation The Art of XX century, from Taschen.

Niki had to be moved to Switzerland for respiratory problems due to the toxic components of the materials used. Walks in the alpine scenery maginar led him to a park full of sculptures, "A place to dream, a garden of magic and fantasy."

That illusion was reflected in a farm in Tuscany gave him some friends. Called The Garden of Tarot and consisted of a huge park with 22 sculptures of metal, cement-based tile or ceramic mirrors symbolizing the tarot cards. The largest, a sphinx representing the Empress, he served as home during the ten years it took to build this particular paradise. The left breast was her bedroom. "Twenty years ago I left my children for art. Here, I myself have you lived in a mother's body and during this time I've gone to bring them, "he said.


Montserrat A