jueves, 5 de febrero de 2015

EL FOCUSING

Cuando hablamos de focusing, según Gendlin, es muy importante entender el término sensación sentida, del inglés Felt sense, como “una sensación holística implícita del cuerpo”. La sensación sentida define todas aquellas sensaciones corporales que tenemos cuando hablamos o pensamos sobre situaciones reales o imaginarias.
“Las sensaciones sentidas varían según cómo hemos  interpretado o analizado una  situación, y por consiguiente no es algo físico sino también intelectual”, explica Gendlin.  Para entenderlo mejor, debemos saber que es un sentimiento que aparece en nuestro interior, a modo de reacción, cuando vemos o percibimos algo.

El método tiene una influencia especial en los procesos para ganar autoestima, reducir el estrés o crear seguridad para la resolución de problemas. Su aplicación resulta extremadamente útil, además, para el uso adecuado de nuestro cuerpo y nuestra mente en el manejo de determinadas situaciones de la vida.

“Normalmente una sensación sentida se efectúa a través de diferentes componentes:
A.      Sensaciones corporales
B.      Emociones
C.      Situaciones externas
D.      Símbolos o imágenes.

El orden de manifestación no es importante. Los pacientes tienen sus propias preferencias a la hora de empezar con un componente específico o enfatizar ciertos elementos. Una sensación sentida se completa permitiendo que la conexión entre las sensaciones corporales, las emociones, las situaciones externas y los símbolos, tenga lugar. El proceso termina con un sentimiento de alivio, una percepción corporal de que algo se ha liberado y , por lo tanto, surge una nueva capacidad energética.
Un cambio terapéutico real siempre conlleva este proceso. Cuando los diversos elementos no emergen espontáneamente, el terapeuta tiene que recurrir a los componentes ausentes para que la sensación sentida pueda hacer acto de presencia. A menudo la conversación se detiene porque el cliente y el terapeuta permanecen estancados  en el mismo elemento, cuando ha dejado de ser productivo. Un terapeuta que se da cuenta de que hay un componente ausente es capaz  de reactivar el proceso detenido hacia un movimiento renovado”. ( Mia Leijssen)

Las terapias cognitivas gozan cada vez de más seguimiento entre la población. Adaptadas a cada caso, tienen infinidad de versiones y ramas que tratan de mejorar  la vida de los pacientes a nivel físico y mental, porque también son muchos los síntomas derivados  del malestar que podemos sentir sin saber el origen ni el por qué.
Aunque nuestra mente trate de prestar la debida atención a la búsqueda de las causas de esas molestias e insatisfacciones, la realidad es que muchas veces no somos capaces de descubrir qué es lo que  realmente nos ocurre. Ni cuál es su causa. Si, además, nuestras necesidades básicas están cubiertas, la falta de razones para la insatisfacción parece todavía más patente.
Para remediarlo, podemos tratar de justificar nuestro estado indagando en todo aquello que nos ha sucedido últimamente: la pérdida de un ser querido, una discusión dolorosa o bien una jornada de trabajo improductivo. Pero en la mayoría de los casos, la razón de nuestro malestar se remonta al pasado: la falta de atención hacia nuestro cuerpo a lo largo de los años, puede haber hecho que éste empiece a pagar las consecuencias de esa ignorancia.

Aunque la terapia del Focusing, tal y como la conocemos hoy en día, es relativamente moderna, algunas culturas ancestrales han integrado sus métodos curativos desde tiempos inmemoriales.
En Japón se conoce como Kufu, y se centra en la capacidad de “escuchar el vientre”, que es donde se reúne todo un sistema de músculos y vísceras que simbolizan la totalidad de la persona.
Aprender a pensar con el vientre ha sido, en muchas otras tradiciones, una manera más de conocerse y sentirse en armonía con los pensamientos. El problema es que la cultura occidental contemporánea se ha decantado por la creencia de que el pensamiento es un hecho controlado por la conciencia, y que la capacidad de pensar y de almacenar información se encuentra únicamente en la zona cerebral. Por lo tanto, según esta concepción sería puramente intelectual.
Gandhi decía que un hombre no era más que un producto de sus pensamientos y que , por lo tanto, se convertía en lo que pensaba. Una visión muy afín a la filosofía de Buda.

Focusing actual
Cuando enfermamos o estamos sometidos a un gran estrés, nuestro cuerpo se impregna de toda esa información y empieza a expresarla en forma de incapacitaciones físicas: dolores de espalda, resfriados, cólicos… Podríamos citar un listado interminable de síntomas que nuestro organismo produce a modo de aviso. Pero debido a la falta de tiempo o interés, y a un gran desconocimiento, no somos capaces de advertir esos síntomas como los avisos que son, y no buscamos la verdadera raíz de lo que nos ocurre.
El focusing moderno fue desarrollado por el filósofo y psicoterapeuta austriaco Eugene Gendlin, el psiquiatra escribe: “ Aquello que se libera sin ser advertido, permanece igual. Cuando se percibe, cambia. La mayoría de las personas desconocen este hecho. Creen que no permitiéndose sentir las sensaciones negativas se encontrarán mejor. Pero ocurre exactamente lo contrario. El sentimiento negativo permanece estático en el mismo lugar, año tras año.  Si hay en nosotros algo malo, afectado o dañado, respiremos y dejémoslo existir. Es la única manera que ese malestar evolucione y se transforme en aquello que necesita ser”. La toma de conciencia de nuestro malestar, y el hecho de poner en contacto nuestras dos sabidurías, tanto la corporal como la intelectual, resultan vitales para resolver de manera exitosa aquello que nos inquieta.
El focusing entiende el ser humano como una complicada red de emociones, memorias, pensamientos y sensaciones corporales, y actúa como herramienta para desenredar el nudo de malestar.

Tener cuerpo y mente propios
“Lo más importante es sentirse dueño del propio cuerpo físico. Cuando uno se encorva, pierde el sentimiento de si mismo. Lamente divaga hacia otra cosa.  La persona no  está en el propio cuerpo. Ésa no es la manera correcta. ¡Debemos existir ahora mismo, en el presente! Ése es el punto clave. Hay que tener cuerpo y mente propios. Todo debe existir en su lugar correspondiente, de la manera correcta. Así no habrá ningún problema. Si el micrófono que uso cuando hablo se pone en otro lugar, no cumple su cometido. Cuando se tienen en orden el cuerpo y la mente, todo lo demás ocupa el lugar que le corresponde  dela manera que le corresponde”. (Shunryu Suzuki)

Montserrat A