jueves, 28 de agosto de 2014

MONTE LOURO Y SUS VISTAS

Hoy la excursión ha sido a Monte Louro, lugar que nos
ofrece unas vistas increíbles de toda la bahía.
Una bahía con historia escrita en mayúscula, lugar de bucaneros , piratas y batallas navales.
Lugar donde todos coincidían para los arreglos de barcos, batallas con los franceses y lugar histórico donde muchos catalanes ( hace siglos) llegaron a hacer negocios aunque con ello crearon y levantaron ampollas debido a la negativa de pagar el diezmo y en consecuencia,  hubo un levantamiento de los marineros incentivada por los clérigos… como veis el lugar guarda no solo vistas indescriptibles también historia .
Pero empecemos por el principio pues antes de llegar al Monte Louro hay que pasar por Muros un pueblo pintoresco que aún guardan esos aromas de pueblo marinero, cofre de secretos, aromas de piratas y bucaneros, negocios... y un ambiente especial que no sabría cómo describir.

Casas bien mantenidas de piedra y con un centro de callejuelas estrechas que servían para defenderse de los piratas de la época pero que ahora forman parte del centro histórico bien cuidado que guardan esos sabores de antaño aunque hayan pasado siglos.
Vistas de la laguna y Monte Louro
Merece la pena visitarlo pues no solo te encuentras callejuelas, historia, casas, también tienen una lonja increíble donde comprar buen pescado por las tardes y muchos bares y restaurantes donde picar, comer o tomar una buena cerveza y un buen polbo á feira (pulpo á feira).

Siguiendo por la carretera dirección Carnota  y pegado a la costa viendo durante todo el recorrido las aguas transparentes de colores azules que son tan bellas como frias , tan calmas como bravas pero siempre bellas azules y transparentes.

Después de unos minutos, llegamos a Louro y dejamos el coche. Empezamos la caminata al borde de carretera hasta encontrar el camino de tierra donde empieza la aventura de sensaciones.

El Monte Louro e un espacio privilegiado desde el punto de vista
Yo disimulando el esfuerzo hecho
paisajístico es el conformado por el Monte Louro y la Laguna de Xalfas, que se localiza en la parte exterior de la vertiente norte de la ría y que está declarado espacio de interés natural. Al pie de este monte granítico de original silueta y de 241 m. de altura, se sitúan por un lado el mar en toda su inmensidad, y por el otro la antedicha laguna de Xalfas, de gran riqueza biológica, que conforma un espacio de unos 200 m. de diámetro cerrado por una barrera arenosa sobre la que se formaron con el paso de los años acumulaciones dunares que cortan el paso del río Longarelo y separan la laguna del mar. Las diferentes especies de flora y fauna que aquí encuentran un hábitat ideal para desarrollarse aumentan el atractivo que ya de por sí tiene esta formación, y provocaron que la zona fuera declarada Refugio de Caza.
 La solitaria montaña granítica de Monte Louro, que surgió de las entrañas de la tierra hace dos millones de años, asienta sobre una pequeña península en el extremo Norte de la Ría de Muros y Noia, marcando el comienzo de la Costa da Morte. Monte Louro tiene una enorme carga simbólica para los habitantes de la costa barbanzana. Su silueta, siempre presente, se recorta en el horizonte y con su faro avisa a pescadores y navegantes la proximidad de Os Leixons, los bajos por los que ha sido testigo de tantos naufragios.

El primero en llegar: Antonio B en la cima
Monte Louro habla y no hay habitante del Barbanza que no sepa traducir sus palabras. Mirándole dice cuanto tardará en llegar la borrasca que entra por la línea del horizonte. Avisa que lloverá "moito ou pouco", cuando se pone el gorro de la nube y si la noche es oscura y el destello de su faro no se ve, el temporal ya está encima.
Cuando muere el día, el sol se derrumba detrás de Monte Louro pintando las nubes de fuego. Tal vez su nombre tenga alguna relación con el oro de su silueta cuando el sol se oculta tras él. Visto desde las alturas de Monte Dordo y desde la cumbre del Enxa aparece como una isla en la inmensidad del océano. Sin embargo nos da la impresión de que protegerá nuestro trabajo y velará nuestros sueños.

Desde la carretera hasta el primer pico del Monte nos llevó unos 40 minutos que empezamos caminando por una pista plana y luego nos desviamos por un camino estrecho a mano derecha por donde empezamos a subir.
Es un camino limpio y sin perdida, flanqueado por zarzas llenas de frambuesas  las cuales pueden ingerirse y ayudar a refrescar la boca. La subida es llevadera aunque hay que parar de vez en cuando para descansar pero sobre todo para no perderse las vistas que ofrece el lugar, bateras, casas , costas, pineda con verdes intensos, la laguna , etc… un sinfín de maravillas que estimulan los sentidos.
Continuamos el camino y con él las subidas sin fin pero con el entretenimiento de las vistas hasta llegar a la cima de destino.
Hasta ese momento pensé que había visto algo increíble y
A. Martinez el fotografo y atleta.
lo mejor pero realmente, lo mejor estaba por llegar y llego las vistas de las costas del otro lado donde las playas son inmensas y totalmente vacías.
Con la marea baja se deja ver una extensión de arena blanca increíble que invitaba a dar paseos interminables pensando en lo maravilloso de la naturaleza si la cuidamos y respetamos bajo el atardecer.

La bajada fue rápida y ágil . Llegamos al camino acompañados por la puesta de sol y por los vientos que se levantaron oliendo a mar y salitre. Toda la excursión duró aproximadamente hora y media pero suficiente para calentar y prepararnos para la próxima.

Ahora os dejo una leyenda del lugar que he encontrado en el blog  navegantedelmardepapel.blogspot.com

la Isla de Sálvora.
Esta Isla es una de las tres integrantes del Parque Nacional de las Islas Atlánticas En ella quiere situar la tradición nuestros orígenes.

Puesta de Sol.
Y para recordarlos, hay a la entrada de la isla, una escultura de una sirena, con una placa que reza: “La sirena de Sálvora tuvo amores con un caballero romano naufragado en la isla. Nació un niño que se llamó Mariño...”

Intrigado, verdad? Pues vamos allá con la historia. Antes de comenzar decirte que como toda leyenda gallega de gran difusión, tiene varias versiones. La escritora se ha tomado la libertad de basarse en una de ellas, la más extendida, añadiéndole algunos detalles importantes mencionados en otras versiones. Ahora sí.

Cuenta la leyenda, que el misterioso caballero romano mencionado en la placa de la Isla de Sálvora, no era tal caballero romano, los iniciados aseguran que se trataba (cuídese el lector de mantener tan trascendental y antiguo secreto) del caballero Roldán, sobrino de Carlomagno. De este modo, Roldán no habría muerto en la batalla de Roncesvalles en el año 778, como asegura el poema épico “La Canción de Roldán”. Pues bien, en contra de lo que deberá afirmar públicamente, repito que no deberá creer semejante patraña, ya que la verdad es que Roldán, ciertamente malherido, consiguió escapar de la contienda, yendo a refugiarse a la mágica Isla de Sálvora. De hecho, cuentan que, en las noches de tormenta, aún se puede escuchar un ruido estridente en las inmediaciones de la isla que avisa a los marineros de los peligros del mar. Según dicen, el ruido procede del olifante que poseía el propio Roldán.

Una mañana, Roldán paseaba a caballo por la blanca playa al pie de las aguas cristalinas. De pronto, observó en la lejanía, lo que reconoció como un cuerpo de mujer tumbado en la arena. Intrigado, el caballero espoleó al animal para acercarse galopando al lugar en que se encontraba la joven. Al llegar al lugar, cual fue su sorpresa al constatar que se trataba de una sirena! No daba crédito a lo que veía. Era una hermosa mujer, de rostro angelical, turgentes pechos y esbelta cintura, que continuaba en una brillante cola de pez. Roldán quedó tan prendado por la belleza de la muchacha y por el candor de su mirada que, sin que ella le hubiese dicho una sola palabra, la subió a lomos de su caballo para llevarla a su hogar.

Una vez allí, le quitó las escamas con paciencia, una por una convirtiéndose así la sirena en una espléndida mujer. Roldán la contempló durante largos minutos, ensimismado por su belleza. Se dirigió hacia ella, y no puedo resistir el impulso de tomarla entre sus brazos. Recorrió con dulzura su suave piel, recreándose en cada rincón de su cuerpo. Y la poseyó.

Cuando ambos yacían abrazados en el lecho, Roldán se percató de que no conocía su nombre. Cual fue su sorpresa al preguntárselo, que la sirena fue incapaz de responder: era muda. Pero a Roldán no le importó en absoluto, ya estaba perdidamente enamorado de ella. Así, decidió acuñarle el nombre de Mariña, por haber venido del mar.

Pasaron felices los meses para los dos enamorados, con la única pega de que, por más que Roldán intentaba enseñarle y por más que Mariña se esforzaba, no conseguía emitir palabra, sólo apenas unos gruñidos ininteligibles. La felicidad de la pareja se vio colmada al dar a luz a su primer hijo, un niño hermoso como su madre y fuerte como su padre.

Cuando el bebé contaba con apenas unos meses, se celebró en los dominios de Roldán la noche de San Juan. Noche mágica por excelencia en Galicia, en la que los más profundos deseos se cumplen y en la que incluso, si se sabe el modo, pueden conocerse los designios del futuro.

Todo el mundo cantaba y bailaba alrededor de la hoguera, mientras Mariña, con el niño en brazos, lo observaba todo con curiosidad y alegría. De pronto, Roldán se dirigió a ella, le arrebató a su hijo y se dirigió a la hoguera para cumplir la tradición de saltarla. Mariña, que desconocía esta costumbre, pensó que su marido había perdido la razón y pretendía tirar al niño a las llamas. Presa del pánico, la sirena gritó:

- ¡Hijo!

Al pronunciar esta palabra, un trozo de carne se desprendió de su garganta, y desde entonces la sirena pudo hablar con normalidad. De este modo, la felicidad de la pareja fue plena, compartiendo largos años de amor que dieron sus frutos en el linaje de los Mariño.

Cuentan algunos que, al morir Roldán, la sirena volvió al mar poniendo antes una condición: de cada generación de los Mariño, debería entregársele a ella un niño que se llevaría al mar. El elegido se reconocería por tener los ojos azules. Lo inquietante es que se han dado casos (recogidos por Torrente Ballester) de Mariños de ojos azueles desparecidos en la costa.

Todas las fotografias han sido cedidas amablemente por Antonio Martinez, el fotografo y atleta.

Montserrat A